jueves, 10 de abril de 2008

Historia de la Iglesia

HISTORIA DE LA IGLESIA UNIVERSAL I.
(Primer Semestre)

PROGRAMA

Introducción General
Historia de la Iglesia y Teología de la Iglesia
Objeto, método y naturaleza de la historia de la Iglesia

Capítulo I. DESDE LA PREHISTORIA HASTA LA «ÉPOCA AXIAL»
1.1 La prehistoria
1.2 Los comienzos de la «época axial»
1.3 Israel
1.4 Hacia un nuevo ideal
1.5 Las «religiones mistéricas»
1.5.1 El gnosticismo

I. EDAD ANTIGUA

Capítulo. I LOS PRIMEROS TIEMPOS, NACIMIENTO DE LA IGLESIA.
1.- El tiempo de Jesucristo
2.- Cronología relativa de la vida de Cristo
3.- Cronología absoluta de la vida de Cristo
4.- Cristo después de Cristo: Su mensaje
5.- Nacimiento de la Iglesia: la primitiva comunidad Cristiana
6.- La Iglesia Apostólica
7.- El ambiente de la actividad apostólica
8.- Los conflictos: entre apertura y ruptura
9.- En el balance del primer siglo encontramos tres hechos relevantes
10. Resumen del Capítulo y trabajo Práctico en grupos: Elabore 5 preguntas que resuman el capítulo y de respuestas a las mismas. Análisis Individual de Textos Bíblicos.
Capítulo II. LA IGLESIA EN EL APOGEO DEL IMPERIO ROMANO
I.- Polémicas y Tensiones entre Paganos y Cristianos
1.1 - Las calumnias populares
1. 2.- Las objeciones de los sabios y políticos
1. 3.- La reacción de los cristianos ante sus detractores
II.- Las Persecuciones
2.1.- Los fundamentos jurídicos de las persecuciones.
2.2.- Las persecuciones en tiempos de Nerón
2.3.- En tiempos de Trajano (98-117)
2.4.- En tiempos de Marcos Aurelio (161- 180)
2.5.- Las persecuciones del siglo III: Los decretos anticristianos
a. La ley de Séptimo Severo
b. El Emperador Decio (249-251)
c. Las persecuciones durante Valeriano
d. Las persecuciones bajo el régimen totalitario de Diocleciano.
111- Resumen del Capítulo por Grupo: Elegir 6 preguntas que sinteticen el contenido del capítulo y entregarla desarrollada. Análisis Individual de Documentos Históricos.

Capítulo III. LA IGLESIA EN LA ANTIGÜEDAD TARDIA (Siglos I-III)
3.1- La liturgia y la oración
a) Los lugares de culto
b) La iniciación Cristiana
b) La celebración de la Eucaristía
d) La penitencia
e) La plegaria
f) El Matrimonio, unción de enfermos y oración por los difuntos:
3.2.- La institución de los ministerios
3.2.1 La evolución de los siglos II y III
3.2.2 Los ministerios femeninos
3.3.- Fermentos de división y vínculos entre las Iglesias
3.3.1.- Las herejías del principio.
3.3.2.- La regla de la fe
3.3.3.- Nacimiento de la teología
3.4 Resumen del capítulo: Reporte de lectura en 6 preguntas de manera personal. Análisis Individual de documentos.

Capítulo IV LA IGLESIA EN EL IMPERIO ROMANO (SIGLOS IV-V)
4.1.- De perseguida a religión Oficial
4.2.- La transformación de la sociedad por el Evangelio
4.3.- Desarrollo del culto y los progresos de la Evangelización
a. El bautismo
b. La Penitencia
c. La Eucaristía
d. El año litúrgico
4.4.- Los comienzos del monaquismo
a. Los orígenes de la vida consagrada en la Iglesia
b. Los primeros monjes de Oriente
c. El monaquismo en occidente
d. La regla de San Benito (480-547)
4.5.- Resumen del Capítulo por Grupo: Elegir 4 preguntas que sinteticen el contenido del capítulo y entregarla desarrollada. Análisis Individual de Documentos Históricos.

Capítulo V.-PRIMEROS CONCILIOS Y FORMACÓN DEL CREDO
5.1-. ¿Cómo Jesucristo y el Espíritu Santo son Dios?
5.2.- ¿Cómo están unidos Dios y el Hombre en Jesucristo?
5.3.- La organización eclesial y los vínculos entre las Iglesias
5.4. Resumen del Capítulo por Grupo: Elegir 3 preguntas que sinteticen el contenido del capítulo y entregarla desarrollada. Análisis Individual de Documentos Históricos.

Capítulo VI.- LOS PADRES DE LA IGLESIA
6.1.- Los Padres de lengua griega
San Atanasio (295-373)
San Basilio de Cesarea (329-379),
San Gregorio Nacianceno (329-390)
San Gregorio Niseno (335-394)
San Cirilo de Jerusalén (+ 386),
San Juan Crisóstomo (354-407)
6.2. Los Padres de lengua latina
San Hilario de Potiers
San Ambrosio (339-397)
San Jerónimo (hacia 350-419)
San Agustín (354-430).
6.3. Resumen del Capítulo por Grupo: Elegir 5 preguntas que sinteticen el contenido del capítulo y entregarla desarrollada. Análisis Individual de Documentos Históricos.














































BIBLIOGRAFÍA

AA.VV. Historia de la Iglesia Católica, Barcelona, 1989
BEDOULLE, G., La historia de la Iglesia, Edicep, Valencia,
BUSQUETS, J., Quién era Martín Lucero, Salamanca, 1968
COMBY, J., Para leer la historia de la Iglesia, Verbo divino. Tomos I-II, Navarra, 1998.
DELUMERAU, J. La reforma, Barcelona, 1985
FICHE, A. / MARTIN, V., Historia de la Iglesia, Valencia, 1978
GIACOMO, M., La Iglesia, de Lucero a nuestros días, Madrid, 1972
GOMEZ, H., Teología protestante: sistema e historia, Madrid, 1972
HERTLING, L., Historia de la Iglesia, Herder, Barcelona, 1996.
HUBET, J., Manual de historia de la Iglesia, Barcelona, 1972
HUGHES, P., Síntesis de historia de la Iglesia, Herder, Barcelona, 1996
LORTZ, J., Historia de la Iglesia, Madrid, 1982
MARTIN, F., Historia de la Iglesia: II. La Iglesia en la Epoca Moderna, Palabra, Madrid, 1999.
MINGUEZ, FERNANDEZ, D / PIEDROLA SALA, E. Religión, Madrid, 1991.
15. TUCHLE, H. / BOUMAN, A., Nueva historia de la Iglesia, Madrid, 1966

Bibliografía exclusiva Edad Antigua

1. Bedouelle, Guy, La Historia de la Iglesia, Manuales de Teología Católica, vol. XIV, dirección científica de G. Bedouelle, G. Chantraine, E. Corecco, L. Gerosa, A. Scola, Ch. Schönborn, EDICEP (Valencia 1993).
2. Comby, Jean, Para leer la Historia de la Iglesia 1. De los orígenes al siglo XV, Editorial Verbo Divino (Estella 1998)
3. Fliche, Agustín - Martin, Victor, [Dir], Historia de la Iglesia. De los orígenes a nuestros días, EDICEP (Valencia 1878); edic. orig. Francesa. Vol. I: El nacimiento de la Iglesia, por J. Lebreton y Jacques Zeiller; id, autores Vol. II: Desde fines del siglo II hasta la paz constantiniana.
4. Jedin, Hubert, Manual de Historia de la Iglesia, Herder (Barcelona 1966). Edición original alemana de 1962. Tomo I: De la comunidad apostólica hasta Constantino por K. BAUS con una introducción general por H. Jedin.
5. Lortz, Joseph, Historia de la Iglesia. En la perspectiva de la Historia del pensamiento, Edit. Cristiandad (Madrid 1982) T.I Antiguedad y Edad Media. Edición alemana N1 23 de 1965.
6. Llorca, B.- Villoslada, R.- Montalban, F.J., Historia de la Iglesia católica, BAC (Madrid 1976). Tomo I: Edad antigua (1-681). La Iglesia en el mundo grecorromano por B. Llorca.
7. Martin Hernandez, Francisco, La Iglesia en la Historia, Sociedad de Educación Atenas (Madrid 1984).
8. Martina, Giacomo - garcía, Rubén, Historia de la Iglesia, desde el siglo I al siglo XVIII, Estudios Proyecto N1 6 (Buenos Aires 1992).
9. Pierini, Franco, La Edad Antigua. Curso de Historia de la Iglesia I, San Pablo (Madrid 1996).
10. Rogier, l.j.- aubert, r. - knowles, m.d. [Dir.], Nueva Historia de la Iglesia, Ediciones Cristiandad (Madrid 1964). Tomo I: Desde los orígenes a San Gregorio Magno: DANIELOU, J., Desde los orígenes al Concilio de Nicea; MARROU, H.I., Desde el Concilio de Nicea hasta la muerte de San Gregorio Magno.
11. Trevijano Echeverría, Ramón, Orígenes del Cristianismo. El transfondo judío del cristianismo primitivo, Universidad Pontificia de Salamanca, Caja Salamanca y Soria (Salamanca 1995).
12. Vilanova, Evangelista, Historia de la Teología Cristiana. I. De los orígenes al siglo XV, Editorial Herder (Barcelona 1987).

Repertorios bibliográficos y fuentes

1. Quasten, Johannes, Patrología. Edición española preparada por Ignacio Oñatibia, BAC (Madrid 1978ss). 3 tomos
2. Contreras, Enrique - Peña, Roberto, Introducción al estudio de los Padres. Período pre-niceno, Editorial Monasterio Trapense de Azul (Azul, Buenos Aires 1991).
3. Contreras, Enrique -, Pe½a, Roberto, Introducción al estudio de los Padres Latinos. De Nicea a Calcedonia, siglos IV y V, Editorial Monasterio Trapense de Azul (Azul 1994).
4. Instituto Patrístico Augustiniano (Roma), Diccionario Patrístico y de Antiguedad Cristiana, dirigido por Angelo di Berardino, edic. italiana, Marietti (Casale Monferrato 1983).
5. Ruiz Bueno, Daniel, Actas de los Mártires, Introducciones, notas y versión española por..., BAC 30 edic. (Madrid 1974).
6. Ruiz Bueno, Daniel, Padres Apostólicos, Edición bilingue completa. Introducciones, notas y versión española por..., BAC 30 edic. (Madrid 1974)
7. Trevijano Echeverría, Ramón, Patrología, Sapientia Fidei, Serie de Manuales de Teología, 5, BAC (Madrid 1994).

Algunos Textos y sitios electrónicos sobre Historia de la Iglesia Antigua

1. La Patrología Latina de Migne: http://pld.chadwyck.com/ Se trata del texto completo del Migne, con todos sus complementos e índices. Es necesario estar subscrito para poder usarla.
2. La Iniciativa "Ecole" http://www2.evansville.edu/ecoleweb/ La iniciativa "Ecole" pretende crear un enorme hipertexto sobre la Historia de la Iglesia Antigua usando todos los recursos de la red. Contiene un Glosario de tópicos relativos a la Historia de la Iglesia como Arrianismo, Basilio el grande, los Padres del Desierto, la Donación de Constantino, el Donatismo, Marción, el Credo Niceno, etc. La mayor parte de los textos están en inglés.
3. Recursos Teológicos en Internet http://www.csbsju.edu/library/internet/theochht.html Índice de sitios relativos a la Historia de la Iglesia. Fuentes y artículos varios ordenados cronológicamente y temáticamente (textos en diversas lenguas)
4. Guía a documentos sobre la Iglesia Antigua http://www.iclnet.org/pub/resources/christian-history.html Trae enlaces a páginas que contienen credos antiguos, los Padres Apostólicos y otros textos de la época. Casi todo en inglés.
5. Las Catacumbas romanas http://www.catacombe.roma.it/welcome.html Tradere - Historia de la Iglesia - sitio de los PP. Dominicos
6. Histoire de l'Église, par le cardinal M. J. Congar (© Éditions du Cerf). Le livre n'est pas encore complete
7. Christian Clasics Etheral Library (CCEL) http://www.ccel.org/fathers2/ Se encuentra aquí la versión electrónica completa de los 38 vols. de los "Early Church Fathers"



































HISTORIA DE LA IGLESIA UNIVERSAL

INTRODUCCION GENERAL

Objetivo: Que investiguemos y profundicemos en el conocimiento de nuestra Madre Iglesia, que analicemos todas sus vicisitudes a lo largo de estos veinte siglos, a fin de que nos hagamos capaces de aceptarla, amarla y servirla tal y cual es: santa y pecadora, con virtudes y defectos, con aciertos y errores.

Veamos ahora algunos elementos que debemos tener en cuenta a la hora de estudiar la historia de la Iglesia:
1. Para el estudio de los primeros siglos de la Iglesia, contamos con los Evangelios, las cartas de Pablo, Pedro, Santiago y Juan y, de manera especial con el libro de los Hechos de los Apóstoles y los escritos de Eusebio de Cesarea, considerado el primero en estudiar la Historia de la Iglesia de manera metódica y sistemática. Su libro fue titulado Historia Eclesiástica y, fue escrito entre los años 311 y 325. Además contamos con una abundante bibliografía que conoceremos próximamente.
2. Este primer estudio de Eusebio trata seis asuntos fundamentales: la sucesión episcopal, los acontecimientos, los personajes, los herejes, los judíos y los paganos. Estos temas los ordena en dos núcleos de interés: a) La comunidad cristiana en su vida interna (Estructura, acontecimientos y personajes), b) La comunidad cristiana y su relación externa: con los herejes, los judíos y los paganos. Este esquema sigue teniendo aún hoy plena actualidad. Tiene la limitación de que no desarrolló todo el programa propuesto.
3. Antes de Eusebio hubo intentos de escribir una historia eclesiástica: Los Hechos de los Apóstoles, los apócrifos, las actas de los mártires; pero los antecesores más inmediatos de Eusebio son: Hegesipo que escribió unas Memorias contra las herejías nósticas, y Sexto Julio, Africano que escribió una Cronografía en la que recoge los acontecimientos desde los orígenes hasta el 217, d. C. en la que pretende demostrar la superioridad de la historia bíblica y cristiana en comparación con la pagana. Estos precursores tienen la particularidad de ser escritores apologéticos polémicos lo que al mismo tiempo constituye una limitación desde el punto de vista histórico.
4. Tanto Eusebio como sus predecesores hicieron sus estudios en el ambiente helenístico de Alejandría donde se había ido perfeccionando desde hacía siglos la investigación filológica de los escritos filosóficos, los escritos de los sabios paganos y los escritos de los sabios judíos y los textos bíblicos. En este ambiente se forma Orígenes, Siglos II y III, estudios que aportaron tanto a la historia de la Iglesia como a la definición del canon de las escrituras.
5. Otro elemento que debemos tener en cuenta, al estudiar la historia de la Iglesia es que todas sus luchas, controversias e incluso errores que han entrado en ella a lo largo de su historia, no es otra cosa que la confirmación de su propia doctrina definida en las Sagradas Escrituras o Historia de la Salvación. Esta conciencia nos llevará a no escandalizarnos, sino más bien a amarla más, así como es, santa y pecadora, al igual como amamos a nuestras madres aunque sepamos que no son perfectas. Para entender esta realidad aclaremos algunos conceptos:

a. ¿Qué es la historia?: La historia pura y simple no es otra cosa que el hombre en comunidad y en sus distintas relaciones a través del tiempo. (Para que haya historia es necesario que haya reconstrucción y transmisión de la historia).
b. En el concepto de historia encontramos dos elementos fundamentales: el hombre en comunidad y el tiempo, el tiempo se presenta en tres formas fundamentales: los acontecimientos que son duraciones breves; las coyunturas que son duraciones medias; y las estructuras que son duraciones largas. A la sucesión de estas duraciones es a lo que se llama diacronía. Pero dado que en una misma coyuntura coexiste varios acontecimientos, y en una misma estructura, varias coyunturas, en la realidad la diacronía va acompañada de la sincronía.
c. Otro elemento que encontramos en la historia, pero ya como ciencia, es la reconstrucción. La reconstrucción del acontecer histórico constituye lo que llamamos historiografía la cual se alimenta de dos tipos de fuentes: documentos y monumentos.
d. El estudio de la historia supone en el historiador la asimilación de las distintas autocomprenciones, es decir, la asimilación del sentido de los acontecimientos, coyunturas y estructuras, donde aparece lo específico cristiano, que fue fijado de una vez para siempre en la tradición eclesial y que se perpetúa siempre igual y siempre con variaciones, a lo largo del tiempo. En este sentido, la historia de la Iglesia es teología; donde el hombre en comunidad es koinonía; el tiempo es Kairós, tiempo de Dios, y la reconstrucción es parádosis, tradición apostólica.
e. De ahí que entre la venida en la carne y la venida en la gloria de Cristo, se intercala el tiempo de la Iglesia, el tiempo en que el misterio revelado y cumplido en Jesucristo alcanza a todos los hombres y a todos los tiempos. Dados estos conceptos pasamos a analizar porqué la historia de la Iglesia no es simple historia, sino también teología.

Historia de la Iglesia y Teología de la Iglesia.

Dice el Vaticano II: “En la enseñanza de la historia eclesiástica téngase presente el misterio de la Iglesia, según la Constitución Dogmática ´De Ecclesia´ promulgada por este sagrado Concilio”. Pues bien, la Iglesia es a la vez institución y misterio, sociedad religiosa y cuerpo místico de Cristo. Como institución, está sometida a la observancia de la historia, que puede describir las vicisitudes concretas de la Iglesia en el marco más general de los acontecimientos profanos; que puede contarnos su vida, hablar de los hombres que han influido en ella, y describir sus relaciones con el mundo y con las potencias humanas. Por otra parte, la Iglesia, al ser partícipe del misterio divino-humano de Cristo, es ella también un misterio de fe. Su verdadera naturaleza y el secreto de su dinamismo nos son conocidos solamente por una revelación que es objeto de fe; por consiguiente, toda concepción de la historia de la Iglesia supone una cierta forma de Teología de la Iglesia. ¿Cuál es esta Teología, y cuáles son las repercusiones que puede tener para la comprensión de la historia de la Iglesia?

La Iglesia es el pueblo de Dios. Como sociedad fundada por Cristo, no es un montón de individuos, sino una comunidad sólidamente estructurada y regida por cabezas responsables. Si bien es verdad que la jerarquía tiene su importancia en la Iglesia, ya que el Papa y los obispos son representantes de Dios, y por mandato divino tienen el poder de enseñar, de gobernar y de santificar. Sin embargo, la historia de la Iglesia no puede reducirse sólo a la historia del Papa y de los obispos, ya que entonces no nos hablaría del pueblo de Dios.

La Iglesia es una sociedad visible sumergida en la ciudad temporal, pero es también el templo del Espíritu Santo, es el cuerpo de Cristo y es un ambiente de vida sobrenatural. Por tanto la historia de la Iglesia no puede reducirse a los meros aspectos político-religiosos de la vida de la Iglesia, a sus luchas contra la herejía ni a las controversias teológicas, sino también sus progresos en el estudio y ejercicio de su fe, tal como ellos se manifiestan en las obras de caridad y de apostolado, en las formas de oración y del culto, en el florecimiento de los santos, en las fundaciones de órdenes y comunidades, en el progreso del dogma etc.

Como la Iglesia de Cristo es verdaderamente humana, constituida por hombres que conservan su temperamento, su personalidad, sus cualidades y sus defectos, se sigue que también hay lugar en la Iglesia, en la jerarquía y en la vida de los fieles, para el error y para el pecado.

La tentación más normal y recurrente en nuestra historia ha sido la de considerar a la Iglesia como una reunión de elegidos, de gente consecuente y comprometida, que aleje de sí la mediocridad. La doctrina de Jesús es exigente y complicada y por eso algunos han pensado que se trataba de una religión para pocos. Ha sido una iglesia de convertidos, de confesores, de mártires, de personas de dar razón de su fe. Los tres primeros siglos correspondieron a dicha exigencia. Evidentemente, seguía existiendo el pecado, pero los cristianos conocían la exigencia del Evangelio y de la Buena Nueva.

Desde las conversiones masivas, a partir del siglo IV, todo cambió. Los nuevos cristianos aceptaron a Cristo sin renunciar del todo a los valores y al talante pagano y, a menudo, sin conocer en profundidad la doctrina cristiana. Se trataba de un cristianismo más masivo, pero más superficial y menos exigente.

De todas maneras, la Iglesia ha huido siempre del peligro de constituirse en grupo de elegidos, en secta de puros. La historia de la Iglesia es la historia de un pueblo inmenso con no muchos santos ni genios ni líderes, pero con una persistente aspiración de mayor purificación, de conocer mejor a Jesús y de seguirle. Toda la historia se transforma en un proceso permanente de purificación y de conversión. Los ciclos litúrgicos, las escuelas de espiritualidad, los complicados procesos de religiosidad popular… intentan conseguir este fin

El Vaticano II lo ha declarado varias veces: “La Iglesia abraza en su propio seno a los pecadores, por lo que, necesitada de purificación constante, busca sin cesar la penitencia y la renovación”. Si esto es así, ¿cómo extrañarse de que los actos realizados por los miembros de la Iglesia presenten, como toda acción humana, ingredientes demasiados humanos? por ejemplo las faltas de información, las mezquindades, la lentitud en captar los signos de los tiempos y en adaptarse a las nuevas situaciones; y a esto hay que añadir las verdaderas infidelidades, los escándalos, las inmoralidades, etc. Estos pecados son producto no solamente de los dirigentes, sino de todo el pueblo cristiano. Una sana Teología de la Iglesia ayudará a comprender esas alternancias de luz y de sombras en la vida de la Iglesia. La historia de la Iglesia, a su vez, no tiene que temer descubrir las cualidades y los defectos de los hombres de la Iglesia; además de que hay que considerar que estas cosas existen también en las comunidades separadas.

La historia eclesiástica tiene como objeto a la Iglesia Católica Romana. Ahora bien, no se trata de considerar a esta Iglesia particular como una más entre las diversas confesiones cristianas; la Iglesia es única, no hay más que un solo cuerpo místico, una sola Iglesia que es cuerpo de Cristo, una Iglesia fundada por Cristo, o sea la Iglesia que tiene por cabeza al Pontífice Romano; pero de esto no se sigue que las otras comunidades cristianas no tengan interés y que carezcan de vida; semejante actitud estaría en contradicción con las afirmaciones del decreto sobre ecumenismo; cada una de las comunidades separadas tiene su propio valor y puede darle algo a las otras, por eso la historia de la Iglesia tiene que mostrarse particularmente atenta a las siguientes consideraciones:

a) En las divisiones que han desgarrado a la Iglesia, la responsabilidad es de todos los que intervinieron en ellas.
b) Aunque la tempestad de las divisiones no haya abatido nunca a la Iglesia, siempre la ha debilitado y empobrecido; a veces incluso ha comprometido su equilibrio.
c) A veces las comunidades separadas han valorado mejor que nosotros los bienes espirituales que han conservado; por tanto, la Iglesia Católica puede enriquecerse con los tesoros explotados en las Iglesias separadas, tales como el valor de la palabra de Dios, el sentido de la trascendencia de Dios, el sentido de la gratuidad de la gracia que es propio de los protestantes, el sentido del misterio y de la oración litúrgica que cultivan los orientales, etc.

La historia de la Iglesia tendrá que explicar cómo han nacidos las incomprensiones y las hostilidades que han llevado a la separación, y mostrar también cómo las comunidades separadas han influido en la vida y desarrollo de la Iglesia Católica. Finalmente, la Iglesia es una unidad dinámica y universal. Es la Iglesia de la misión y de la evangelización y está en fase de expansión hasta los límites del mundo. La historia de la Iglesia no puede limitarse, por tanto, a ser la historia de occidente en detrimento del oriente, o de Europa en detrimento de los otros continentes. Puesto que la Iglesia cubre toda la tierra, la historia de la Iglesia no puede limitarse a un espacio geográfico privilegiado.

Objeto, método y naturaleza de la historia de la Iglesia

El objeto de la Historia de la Iglesia es describir el crecimiento en el espacio y en el tiempo de la Iglesia fundada por Jesucristo. En cuanto que recibe su objeto de la ciencia de la fe y se apoya en la fe, es una disciplina teológica y se distingue de una simple historia de la cristiandad.
El estudio de la historia de la Iglesia está sometido a las exigencias del método histórico. Esto por tres razones:
La Historia de la Iglesia está vinculada a sus fuentes.
Las leyes de la crítica histórica se aplican a los documentos y a los hechos que descubre, lo mismo que en las demás disciplinas históricas.
La relación inteligible de los hechos descubiertos, la percepción de los motivos que inspiran y dirigen a los hombres de la Iglesia, tal como aparecen en los documentos del pasado, la génesis y el desarrollo de las instituciones de la Iglesia, todo esto proviene de la observación y del método histórico.

La Historia eclesiástica, sin embargo, se distingue de las ciencias profanas y de una simple historia de la cristiandad; en razón de su objeto y de los principios que la iluminan, es una verdadera disciplina teológica. Como totalidad, la Historia de la Iglesia no puede ser concebida más que como la historia de la salvación, en ejercicio de aplicación y de actualización desde Pentecostés hasta la Parusía, y su sentido no puede ser percibido más que por la fe.
La vida de la Iglesia es un inmenso campo de creatividad y de buena voluntad, aunque haya abundado, también, el pecado y el egoísmo. La riqueza del espíritu humano se manifiesta en ese inmenso mosaico que es la Iglesia donde los hombres y mujeres han sido capaces de aspirar a conocer y amar a Dios según sus circunstancias particulares. Es importante que la historia de la Iglesia transcienda los avatares de una institución y de una estructura y se convierta, también, en la historia sorprendente y misteriosa de las relaciones del creyente con su Creador tanto en su vertiente personal como, sobre todo, comunitaria. Y que sea expuesta y enseñada de esta manera.

El poder como naturaleza en la Iglesia.

Cristo, fundador de la Iglesia, no tenía dónde reclinar la cabeza y desde entonces no pocos de sus seguidores han considerado que la pobreza y la negación de sí mismos constituyen uno de los distintivos del cristianismo. No podemos ser más que el Maestro.

Pero la Iglesia es, también, catedrales y palacios abadías y parroquias, hospitales, periódicos, emisoras de radio y televisión, universidades y miles de colegios, de revistas y de medios de presencia y difusión de todo el género humano. La Iglesia desde las primeras generaciones se ha conformado como un poderoso cuerpo que ha contado con importantes medios para organizar los tres instrumentos claves de de su acción apostólica: su liturgia, sus obras caritativas y las instituciones de enseñanza y formación.

Para levantar y mantener esta imponente organización, a menudo, ha utilizado los medios y los argumentos de los Estados y del poder. Aquí nos adentramos con el siempre complicado entramado de las relaciones de la Iglesia con la política y con el poder. Una buena parte de la historia eclesiástica ha estado marcada por estas relaciones, a menudo, conflictivas y no pocas veces armoniosas.

También tenemos que preguntarnos sobre las diversas acepciones del poder. A lo largo de los siglos, la Iglesia ha tenido poder por motivos diversos y, a menudo, contradictorios: por el testimonio de sus santos, por la dedicación de sus sacerdotes y religiosos, por el apoyo incondicional de sus creyentes, por la cultura de muchos de sus miembros, por sus riquezas, por sus instituciones de enseñanza y de caridad, por el apoyo de los reyes. No siempre su poder ha sido rectamente utilizado, pero no cabe duda de que muchos de estos poderes tienen una finalidad estrictamente altruista y evangelizadora.


















Capítulo I. DESDE LA PREHISTORIA HASTA LA «ÉPOCA AXIAL»

El descubrimiento de los tiempos pasados y de sus testimonios ha deparado siempre unbuen número de sorpresas. La mayor de todas, sin embargo, fue sin duda la enorme cantidad de siglos y milenios que se desplegó ante los ojos de los científicos cuando en el siglo pasado se iniciaron las investigaciones sistemáticas sobre las épocas prehistóricas.
Como es sabido, hasta comienzos del siglo XVIII era costumbre, sobre todo en el Oriente cristiano, datar el principio del mundo el año 5508 antes de Cristo, y aún hoy los judíos, en el cómputo de los años, parten del 3761 a.C. como año de la creación del mundo. Ante la cronología revelada por ciencias como la arqueología, la paleontología, la geología o la astrofísica, estas cifras parecen irrisorias.

1.1 La prehistoria

Volviendo hacia atrás en el tiempo, se puede afirmar hoy que la proto historia y la historia propiamente dicha se inician en Oriente en torno al 4000 a.C., y en torno al 2000 a.C en Occidente. La prehistoria, es decir, la era cuaternaria –que comprende las épocas neolítica, mesolítico y paleolítica, llegaría hasta hace un millón y medio de años. La era terciaria o cenozoica, en la que aparecen los primeros mamíferos antepasados del hombre, hasta hace sesenta y cinco millones de años. La era secundaria o mesozoica, caracterizada por los reptiles gigantes, hasta hace doscientos millones de años. La era primaria o paleozoica, la era de los primeros peces e insectos, hasta hace quinientos cincuenta millones. La era arqueozoica, en la que se produce el origen de la Tierra y de la vida, hasta hace cuatro mil quinientos millones de años. Y el inicio del universo se remontaría a hace trece o veinte mil millones de años.
Para llegar a estas conclusiones, que naturalmente son siempre provisionales, los científicos modernos hablan de espectrografía, radiocarbono, estratos geológicos, fósiles guía, hallazgos paleontológicos, estratos y hallazgos arqueológicos, etc.
A la luz de los descubrimientos más recientes, se puede afirmar por tanto con suficiente seguridad que la prehistoria humana comienza aproximadamente hace un millón y medio de años, al entrar la evolución terrestre en la era cuaternaria o antropozoica. Puede que los precursores inmediatos del hombre, pertenecientes al tronco biológico de los «primates» y llamados «homínidos», aparecieran ya en la era anterior, en la terciaria -en su última época, el plioceno, o incluso a finales de la penúltima, el mioceno-; pero las investigaciones sobre este aspecto de la cuestión, que vienen desarrollándose desde hace algunos decenios especialmente en África oriental, no han aportado aún resultados palmarios. En cualquier caso, el paso de la era terciaria, caracterizada por una flora y una fauna exuberantes, a la era cuaternaria, caracterizada hasta hace unos nueve mil años por la sucesión de grandes glaciaciones y lluvias torrenciales, significa realmente, desde el punto de vista geológico, el paso del paraíso terrestre a un período áspero y difícil, aunque rico en pruebas y estímulos.
Los primeros representantes de la especie humana fueron sucediéndose a lo largo de más de medio millón de años.. Entre ellos hay que mencionar al «sinántropo», descubierto en Choukoutien, cerca de Pe-kín, en 1921, por el geólogo sueco Anderson y estudiado más tarde por el jesuita Teilhard de Chardin; al hombre de Neanderthal, descubierto por primera vez en 1856 precisamente en el valle de Neander, cerca de Düsseldorf (y más tarde en otros sitios, entre ellos en una gruta del Circeo, en 1939, por Alberto Blanc), y, por último, al hombre de CroMagnon, hallado por primera vez en esta localidad francesa en 1868 y considerado el verdadero progenitor de la humanidad actualmente existente.
La época paleolítica, con sus glaciaciones, extendidas mucho más allá de los círculos polares, y las lluvias torrenciales, que caían simultá­neamente en las zonas cálidas y templadas de la Tierra, llega a su fin en torno a los diez mil años antes de Cristo. Acaba así el período geológico «diluvium» y comienza el actual, «alluvium», en el que se suceden la época mesolítica, hasta 6000-5000 años antes de Cristo, y la neolítica, hasta el inicio de la historia propiamente dicha.
En la época paleolítica, el hombre se dedica sobre todo a la recolección, la caza y la pesca; un poco como las poblaciones primitivas aún hoy existentes. Se refugia en cavernas y en chozas que construye ocasionalmente, viviendo todavía en grupos escasamente socializados. Desarrolla no sólo el uso del fuego, del que hay suficientes testimonios ya desde el “sinántropo”, sino también cierta concepción de la religión, del rito y del espíritu, de lo que se encuentran huellas en los usos funerarios y en las primeras manifestaciones artísticas, de trasfondo mágico, concentradas en el simbolismo animal, siguiendo una tendencia que puede denominarse “teriotropismo” (tendencia hacia lo animal) o “teísmo silvestre”, y que llevará también al fenómeno del totemismo, es decir, a una especie de veneración de determinados animales a los que se considera en particular relación con el grupo social. Testimonio de esto serían las pinturas descubiertas en 1879 en las grutas de Altamira, en España; en las de Lascaux, en Francia, en 1940, y últimamente, en 1994, en las grutas de Vallon-Pont-d'Arc, en el Ardéche, también en Francia.
Durante la época mesolítica, las distintas razas de la humanidad primordial, liberadas ya del azote de los hielos y de las lluvias torrenciales, emprenden vastas migraciones, diferenciándose cada vez más unas de otras: en Eurasia, por ejemplo, se produce la distinción definitiva entre la rama mongoloide y la rama europoide; la rama negroide surgirá más tarde. Al mismo tiempo se van perfeccionando las técnicas económicas: a la recolección, la caza y la pesca se unen las primeras actividades de domesticación vegetal y animal, y la formación de las primeras aldeas tanto en tierra firme como en palafitos lacustres.
Pero será sólo en la época neolítica cuando se produzcan las dos grandes revoluciones económicas de la prehistoria: el descubrimiento la difusión de la agricultura desde el próximo y medio Oriente, con la consiguiente sedentarización y multiplicación de los pueblos, por una parte, y el perfeccionamiento de las técnicas de ganadería y la formación de grandes tribus nómadas, por otra. El animal, preocupación primordial del hombre paleolítico, se va viendo acompañado gradualmente por otros dos grandes centros de atracción del interés material, espiritual y religioso: la tierra, madre de la agricultura («geotropismo» -tendencia hacia la tierra- o «teísmo terrestre»), y el cielo, padre de los grandes pastizales («uranotropismo»-tendencia hacia el cielo- o «teísmo celeste»).
Cuando se encuentran, en distinta forma y medida, cazadores, agricultores y ganaderos, se produce la revolución económica y social que abre decididamente las puertas a la historia: se construyen las primeras ciudades y se forman los primeros reinos e imperios en la «media luna" fértil» -es decir, en torno al curso del Nilo, el Jordán, el Tigris y el Éufrates-, en el valle del Indo y en el del Hoang-Ho (río Amarillo); se difunde el uso de los metales; se inventa la escritura. Este es también el momento en que aparecen las primeras religiones politeístas propiamente dichas.

1.2 Los comienzos de la «época axial»

En torno al siglo VIII a.C., cuando se acercan a su fin las migraciones de los pueblos destinados a constituir la base demográfica de la incipiente civilización mediterránea, se abre una nueva época de unos seis siglos de duración aproximadamente (800-200 a.C.), que Karl Jaspers y otros historiadores han denominado «época axial» (Achsenzeit), porque es en cierto modo el eje en el que se apoya toda la historia del mundo.
En esta época, en efecto, se manifiesta una intensa toma de conciencia espiritual, que en China está representada por Confucio y Lao Tsé, en India por Buda, en Irán por Zaratustra, en Israel por los movimientos profético y sapiencial y en el mundo griego por los filósofos y los poetas trágicos. Se trata de cinco o seis siglos verdaderamente cruciales, que hacen dar a la humanidad un salto cualitativo hacia una moralidad individual y social más honda. Frente a los autoritarismos, a veces monstruosos, que se apoyan en la revolución agrícola, en los descubrimientos metalúrgicos y en la concentración demográfica, sobre todo de tipo urbano, se eleva una voz que afirma que la raíz de las relaciones humanas deben ser la sabiduría y la justicia, no la fuerza y el poder.
Es extremadamente significativo que precisamente al inicio de la “época axial”, es decir, a partir del siglo IX a.C., se vaya elaborando en Palestina la primera concepción sistemática de la historia de la salvación en la que se abarca al mundo entero entonces conocido, remontándose hasta los orígenes de la humanidad y de la creación: nos referimos a lo que suele llamarse la tradición «yavista», a la que se añadirán luego las tradiciones «elohísta», «deuteronomista» y «sacerdotal». La «época axial» es también, por tanto, la época de la autocomprensión histórica y teológica de Israel.
Limitando ahora nuestra mirada al mundo mediterráneo y del próximo y medio Oriente, pueden observarse, en época protohistórica, tres grandes oleadas migratorias semitas y otras tres indoeuropeas, que no sólo transforman una y otra vez la situación política de entonces, sino que afectan profundamente, de manera directa o indirecta, a la historia del pequeño pueblo que habría de ser precursor de la Iglesia: el pueblo hebreo.
La primera migración semita, la de los acadios y los cananeos (2350-2150 a.C.), lleva a Sargón I a destruir el dominio de Lugalzagesi, el más grande rey sumerio, y a fundar el primer imperio con pretensiones universales.
La segunda, la de los amorritas (ca. 2000 a.C.), conduce a varios pueblos hasta la tierra de Canaán, entre ellos a los fenicios, y lleva hasta Egipto a los hicsos, los «reyes pastores» (1670-1570), permitiendo la definitiva infiltración de los hebreos en Palestina.
Los indoeuropeos llevan a cabo un primer movimiento en torno al 2000 a.C.: es la migración de los llamados «pueblos de la montaña», es decir, los hurritas y los casitas, que van a Mesopotamia; los hititas y los mitanes, que se dirigen al Asia Menor; los ruedos y los persas, que se instalan en Irán, y otros pueblos que se encaminan hacia la India septentrional y Europa occidental. La segunda migración es la de los «pueblos del mar», que tiene lugar en torno al 1200 a.C.: con ella aparecen los frigios, que destruyen el imperio de los hititas; los filisteos, que se establecen en las costas de Palestina, iniciando una larga lucha con los hebreos, y los dorios, que penetran en Grecia. La tercera, producida alrededor del siglo VIII a.C., lleva a los cimerios al Asia Menor y a los escitas a Europa. Al mismo tiempo (entre los siglos XXII y VIII a.C.), se suceden en el Mediterráneo la colonización cretense, la fenicia y los comienzos de la griega.

1.3 Israel

Como ya hemos indicado, la historia de Israel se inserta en este vasto contexto histórico. Los patriarcas Abrahán. Isaac y Jacob se enmarcan dentro período de la segunda migración semita, la de los amorritas, entre los años 2000 y 1800 aproximadamente. Con la llegada de la primera migración aria, la de los «pueblos de la montaña» (1700-1600 a.C.), y quizá en compañía de los hicsos, que también eran semitas, algunos clanes hebreos descendientes de Abrahán se establecen en Egipto. Cuando el faraón Ramsés II o su sucesor Meneptah han expulsado a los «reyes pastores», los inmigrantes hebreos abandonan también Egipto bajo la guía de Moisés (es el «éxodo»), en torno al 1230 a.C., y se encaminan de nuevo hacia la tierra de Canaán, donde consiguen penetrar gracias a la confusión y reestructuración de pueblos que se produce en la «medialuna fértil» por la tercera migración semita, la aramea (s. XIV a.C.), y la segunda migración indoeuropea, la de los «pueblos del mar», en el siglo XIII.
Tras largas luchas con los pueblos vecinos, tanto cananeos como filisteos, Israel consigue ir creando progresivamente una unidad estatal en torno a Saúl, David y Salomón (aprovechándose de la relativa debilidad interna de las dos superpotencias de entonces, Babilonia y Egipto), que dura el breve espacio de un siglo, aproximadamente del 1030 al 926 a.C. Las tensiones internas rompen la unidad, creando los dos reinos de Israel y Judá. Las luchas fratricidas, la amenaza del fuerte reino arameo de Damasco, el resurgir de la potencia egipcia, la aparición de la nueva potencia asiría y el renacimiento del poder babilónico, van llevando poco a poco al pueblo hebreo hasta su ruina definitiva. Pero entre tanto han surgido los grandes maestros de Israel: los profetas.
La sucesión de tres grandes imperialismos como el persa (539-330 a.C.), el helenista (330-30 a.C.) y el romano (desde la destrucción de Cartago, el año 146 a.C., en adelante), a pesar de facilitar la unidad económica, política y cultural del mundo mediterráneo y favorecer una civilización urbana cada vez más intensa, trae consigo el azote de numerosas guerras, destrucciones, sometimientos forzosos, la reducción de grandes masas de población a la esclavitud y el desarrollo de grandes latifundios, tanto públicos como privados, con la consiguiente disminución progresiva de las pequeñas propiedades rurales.
Frente a estos nuevos totalitarismos políticos y sociales, revestidos, como suele ocurrir, de motivaciones y justificaciones culturales —piénsese por ejemplo en la teoría aristotélica de la desigualdad natural de los hombres- y religiosas -así, por ejemplo, por medio de la imposición de las divinidades nacionales y el culto al soberano—, no faltaron rebeliones por parte de las masas oprimidas, como las bien conocidas rebeliones de los esclavos que se sucedieron entre los siglos III y I a.C. tanto en Oriente como en Occidente.

1.4 Hacia un nuevo ideal

Pero una vez más la rebelión más amplia y más honda se realiza en lo profundo del espíritu, modificando, de manera gradual pero ineluctable, la psicología de los pueblos. La «época axial» se había iniciado con la rebelión del individuo contra el conformismo social opresor: frente a la responsabilidad colectiva, se había apelado a la responsabilidad personal, al tiempo que los grandes maestros espirituales señalaban cómo en la base de todo hombre hay una doble tendencia al bien y al mal, urgiendo la necesidad de «conocerse a sí mismos». Pero ahora, hacia los siglos II y I a.C., el dualismo moral tiende a transferirse de lo íntimo de la conciencia hacia el exterior, hacia la sociedad y el mundo; es decir, el dualismo ético tiende a convertirse en dualismo social, y sobre todo en dualismo metafísico, y el hombre se considera actor y, en algunos casos, mero espectador, en una lucha universal entre el bien y el mal. Esta línea de pensamiento, evidente ya en el mensaje religioso del persa Zaratustra, se va propagando por el mundo antiguo, haciéndose cada vez más dramática a medida que crece la inquietud social y la preocupación por superar el mal y el dolor, vencer a la muerte y obtener la salvación.

1.5 Las «religiones mistéricas»

Para ofrecer una solución a estos problemas, durante la época helenística y romana, desde el siglo IV, aparecen las llamadas «religiones mistéricas». En la mayor parte de los casos tienen su origen en antiguos ritos agrarios con los que se pretendía renovar las fuerzas de la naturaleza por medio de ceremonias de valor sacro y mágico. El significado agrario del rito pasa pronto a ser psicológico, porque el creyente, al participar en estos ritos secretos (de ahí lo de «misterios»), está convencido de poder participar un día en la muerte y renacimiento de la naturaleza en otra vida mejor. Primero se trata de pequeños grupos de insatisfechos con la religión oficial, demasiado fría y formalista; más tarde, el movimiento de adhesión a los «misterios» se amplía, llegando a convertirse en un fenómeno de masas en los tiempos del Imperio romano.
Estas religiones, con sus ritos de iniciación, sus sacrificios de animales o sus simbolismos vegetales, con sus oraciones y con sus ceremonias secretas, de gran poder sugestivo, bien prometiendo el descenso a los infiernos bien asegurando la penetración a través de los cielos, van contribuyendo a romper los estrechos vínculos locales y nacionales. Ofrecen a los individuos una esperanza interior, independientemente de su situación geográfica, social o cultural. En particular, la religión de Isis, la diosa madre de los egipcios, y el culto a Mitra, el dios guerrero de los persas, se muestran en los primeros tiempos del Imperio romano como los más temibles competidores del cristianismo naciente.

1.5.1 El gnosticismo

Hacia el final de la «época axial», es decir entre los siglos II y I a.C., el dualismo social y metafísico, así como el mensaje de salvación, son interpretados también por las filosofías y religiones gnósticas (del griego gnosis, que significa conocimiento), denominadas de este modo porque, según sus doctrinas, sólo el verdadero conocimiento es fuente de salvación. Partiendo del dualismo ético -la presencia del bien y del mal en la conciencia del hombre-, el gnosticismo elabora una visión en la que el bien y el mal se hallan en lucha entre sí a escala universal -dualismo metafísico-. El bien es Dios. El mal es la materia, entendida también en sentido físico (de aquí, con mucha frecuencia, el desprecio hacia las exigencias del cuerpo y el rigorismo puritano en la vida moral; rigorismo que a veces se invierte y pasa a ser indiferentismo moral y libertinaje). Entre Dios y la materia existe un mundo intermedio de espíritus (a los que se llama eones, esto es, seres). Entre ellos hay uno malo, el demiurgo, creador y ordenador del universo material con todos sus defectos, y otro bueno, el salvador, que puede incluso revestirse de materia -aunque sólo en apariencia: de ahí el docetismo— con el fin de salvar a los hombres, que están hechos de materia y espíritu, haciéndole conocer a cada uno -aquí aparece la gnosis- la partícula espiritual que posee y ayudándole a remontarse a través del mundo de los eones (al que se llama pléroma, es decir, plenitud) hasta llegar a Dios.
La actitud gnóstica, a la que se considera un poco parásita de todas las grandes religiones, no sólo arraiga en el mundo grecorromano; también lo hace en el mundo judío, manifestándose en algunos apócrifos del Antiguo Testamento, sobre todo de estilo apocalíptico, y más tarde, bastante precozmente, en el ambiente cristiano. Tiene una evolución larga y a veces oscura; pero las tendencias de fondo resultan siempre claramente las mismas.
Los numerosos fermentos de distinta naturaleza que han ido madurando a lo largo de la «época axial» convergen, directa o indirectamente, en la formación del ambiente en que nace el cristianismo. El cristianismo responde a estas expectativas, pero de una manera nueva, original y sorprendente.














EDAD ANTIGUA
Capítulo II- LOS PRIMEROS TIEMPOS, NACIMIENTO DE LA IGLESIA

1.- El tiempo de Jesucristo

Toda historia de la Iglesia para ser fiel a sus orígenes debe comenzar por Jesús, quien visto en sentido histórico constituye un personaje absolutamente particular. No obstante no ha sido posible responder a preguntas claves de su vida histórica como: ¿en qué año nació, cuanto duró su existencia terrena, cuándo murió, cuándo resucitó? Estas fechas escapan a la historiografía precisamente por tratarse de un personaje excepcional desde el punto de vista histórico.
Por otra parte está el hecho de que los principales documentos con los cuales contamos, fuera de unas escasas noticias que nos traen algunos autores como Tácito, Suetonio y Plinio el Joven; entre los paganos, y Flavio Josefa y el Talmud, entre los Judíos, son los Evangelios, los cuales no son libros de historia ni encontramos en ellos biografías en el sentido exacto de la palabra, puesto que los evangelistas no son cronistas, ni historiadores, sino que le preocupa el núcleo del mensaje y la vida de Cristo.
Por eso en los Evangelios encontramos dos tipos de tiempo: el chornos, es decir el tiempo en su sentido cuantitativo; y el kairós, es un tiempo cualificado, lleno de contenido, de significado. Por eso el Kerigma tiene como eje el tiempo de la pasión muerte y resurrección de Cristo. Este hecho constituye el punto de partida desde el cual se explica el resto de la existencia terrena y ultraterrena de Cristo.
Es difícil precisar en detalle el modo en que se compusieron los relatos en torno a la vida y obra de Jesús. Ahora bien, se puede suponer con bastante probabilidad que en un primer momento la atención se centrara en todo el período de la vida pública de Cristo. Desde el bautismo hasta la ascensión (H1, 21), más tarde se ocuparon de los evangelios de la infancia y juventud de Jesús, y finalmente con los escritos de Juan y Pablo se penetró más allá de la existencia terrena, en el misterio del Verbo eterno.

2.- Cronología relativa de la vida de Cristo

A la hora de establecer una primera cronología de la vida de Cristo, al comparar los cuatro Evangelios, inmediatamente saltan a la vista ciertas diferencias de disposición y proposición. En Marcos y Juan, a diferencia de Mateo y Lucas no se encuentran los episodios de la Infancia. Por otra parte, en el Evangelio de Lucas el material está ordenado, en ocasiones, de manera distinta a Marcos y Mateo. Aún más, mientras los sinópticos hablan de un solo viaje a Jerusalén, Juan habla de cinto visitas a Jerusalén y menciona tres pascuas, de lo que se concluye que la vida pública de Jesús duró 2 ó 3 años y medio. Conviene no olvidar que el Evangelio de Juan es el más tardío, cuando la exigencia cronológica exigía mayor rigor.
De igual manera, los evangelistas afirman que Jesús murió en las primeras horas de la tarde del viernes de la pascua judía, la cual se celebraba desde el anochecer de día 14 hasta la tarde del 15 del mes de nisán; mientras que para Juan aquel viernes era vísperas de la Pascua. Los cuatro están de acuerdo en situar el hallazgo del sepulcro vacío, la mañana después del sábado, es decir, el domingo, primer día de la semana. Las diferencias cronológicas de los evangelistas parecen depender de los distintos puntos de vista. Así los sinópticos subrayan la relación con el ritual de la fiesta judía; y Juan que acentúa la relación del sacrificio del cordero que tenía lugar la víspera de la pascua, y la simultanea inmolación de Cristo el Cordero de Dios.

No obstante, hoy los investigadores basados en la Didascalia y los hallazgos de Qumrán, sostienen que Cristo y los Apóstoles podrían haber usado no el calendario judío oficial de base lunar, que entró en vigor en la época helenística, sino el antiguo calendario de base solar que comprendía 52 semanas que se iniciaban siempre el miércoles, y en el que la pascua coincidía invariablemente con el miércoles. Teniendo en cuenta, que el día para los judíos iba de una puesta de sol a otra, se llegaría a la conclusión que adelantaría la pascua a la noche anterior al día de la pascua, es decir a la noche del martes y habría muerto en cambio el viernes, el día de la pascua, según los sinópticos o la vísperas de la pascua, según Juan en el calendario oficial. De igual manera, el prendimiento, los procesos y la pasión son más comprensibles en este intervalo entre el martes y el viernes.

3.- Cronología absoluta de la vida de Cristo

a) La primera pregunta que hemos de responder es en qué año y qué día nació Jesús de Nazaret. A este respecto, Mateo dice que nació “en los días del rey Herodes” (Mt 2, 1) y Lucas, que el nacimiento se produjo durante el censo que se hizo “siendo Quirino gobernador de Siria” (Lc 2, 2). Obviamente, estas informaciones son imprecisas, es necesario recurrir a otros autores. Según Flavio Josefo Herodes murió antes de la pascua, es decir, antes del 11 de abril del año 750 de la fundación de Roma, de lo que se deduce que el nacimiento de Cristo se dio bastante tiempo antes del 750 de la fundación de esta ciudad y que Dionicio el Exiguo se equivocó al fijar la fecha de nacimiento en el 753 de la fundación de Roma. Por lo que Cristo habría nacido de tres a seis años antes de Cristo. El censo al que alude Lucas, según los estudios arqueológicos, debió corresponder al segundo ordenado por Augusto, que fue promulgado el año 746 de la fundación de Roma, de lo que se concluye que Jesús nació entre el 746 y el 750. En lo referente al día de su nacimiento, tanto el 25 de diciembre como el 7 de enero, según el calendario usado en la Iglesia Oriental, ni se toma en consideración, pues se trata de fechas litúrgicas introducidas en el siglo IV para sustituir a las fiestas paganas del solsticio de invierno.
b) La segunda cuestión es la referente al inicio de la vida pública. También en este caso, a pesar de los detalles que ofrece Lucas (Lc 3, 1-2), la fecha histórica exacta escapa a la investigación histórica, porque no llega a establecerse con claridad con qué criterio habla el evangelista del “año quince del reinado de Tiberio César”, que puede ser el 26-27 o el 28-29 d. C.. Ahora bien, Lucas afirma que Pilato era ya gobernador de Judea cuyo cargo desempeñó entre el 26 y 27 de lo que se concluye con bastante probabilidad que Jesús inició su vida pública el año 27 d. C., es decir el 780 de la fundación de Roma.
c) El tercer problema es establecer la fecha del viernes de la pasión. Como es bien sabido por todos las fiestas de pascua iban desde la puesta del sol del día 14 de nisán, hasta la puesta del sol del día siguiente, es decir del día 15. Puesto que es absolutamente improbable que Jesús fuera crucificado un día de tanta solemnidad para los judíos, es lógico considerar que fue crucificado el 14 de nisán. Ahora bien, durante el gobierno de Pilato que va desde el 26 al 36 d. C., sólo hubo dos años en que el 14 de nisán cayera viernes: los años 30 y 33. De lo que se concluye, teniendo en cuenta, primero, que la fecha más probable del inicio de su vida pública es el año 27, y segundo considerando, las tres fiestas de pascua que habla Juan de la que participó Jesús, la muerte de Cristo ocurrió el viernes 14 de nisán del año 30, fecha que corresponde al 7 de abril de nuestro calendario.

4.- Cristo después de Cristo: Su mensaje

De la existencia terrena e histórica de Cristo no sólo tenemos documentos, sino también, testimonios arqueológicos: los santos lugares de Palestina entre ellos destacan Nazaret, Belén, Jerusalén y en esta ciudad contamos con el testimonio del Santo Sepulcro. En las excavaciones llevadas a cavo en estos últimos decenios se han encontrado debajo de la basílica actual erigida sobre el Santo Sepulcro, restos de la basílica construida por Constantino en el mismo lugar durante el siglo IV e incluso la tierra virgen de color rojizo del huerto de José de Arimatea.
No obstante, el testimonio principal que tenemos de Cristo son los Evangelios, cuyo análisis filológico y literario ha permitido a los estudiosos remontarse hasta el mismo pensamiento de Cristo y hasta sus mismas Palabras.
Es a todos evidente que Jesús iba conquistando un auditorio cada vez mayor de pobres y oprimidos que habían descubierto en él la salvación. No obstante esta masa de seguidores quedó desconcertada con la pasión y muerte en cruz del Maestro, su mensaje y su obra parecieron ser desmentidos. Sin embargo desde el domingo de resurrección hasta la ascensión la comunidad empieza a recomponerse gradualmente.

5.- Nacimiento de la Iglesia: la primitiva comunidad Cristiana

El principal documento que tenemos para conocer las primeras décadas de la historia de la Iglesia es el libro de los Hechos de los Apóstoles. Elementos que debemos tener en cuenta:
No se trata de un libro de Historia, pero su valor histórico es insustituible.
Su exposición sólo abarca una parte del cristianismo primitivo
Lo escribe un griego para griegos en griego. De ahí que se interese muy poco por el cristianismo de lengua aramea.
Es hasta cierto punto hostil al judeo-cristianismo.
Hoy se han completado algunas investigaciones gracias al descubrimiento de los manuscritos del Mar Muerto (Evangelio de Tomas, Ascensión de Isaías)
Antes de Pentecostés existía una pequeña comunidad cristiana, compuesta, según Lucas por unas120 personas (Hc. 1, 15). Esta Iglesia madre de Jerusalén el día de Pentecostés recibe su propio bautismo en el Espíritu Santo y proclama públicamente su fe por boca de Pedro. Este hecho constituye el nacimiento oficial de la Iglesia. Por tanto, La Iglesia comienza por el año treinta de nuestra era, un día de Pentecostés en Jerusalén.
Doce hombres anuncian a sus compatriotas una Buena Nueva: Jesús al que crucificaron como un malechor está vivo. Dios lo ha resucitado, él es el Cristo, el ungido, el Mesías. El salvador anunciado y esperado por el pueblo judío. (Cf. Hch 2, 22ss). Los discípulos que habían reconocido en Jesús a un profeta y más tarde a un Mesías, como es el caso de la confesión de Pedro en Cesarea, ahora descubren al Señor, al Kirios (Hc 2, 36). El mensaje de Pedro está dirigido a los judíos de la diáspora, pero también “a los que están lejos”, es decir a los paganos (Hc 2, 39).
Aquel día se unieron a la comunidad unas 3000 personas (Hc 2, 41), llegando más tarde a unas 5000 (Hc. 4,4)
Para hacer estas afirmaciones los Apóstoles presentan tres tipos de pruebas:
1. El Testimonio de los Apóstoles que han visto al resucitado.
2. Los milagros obrados en nombre de Jesús
3. El cumplimiento de las promesas.

Estos primeros hombres de Iglesia eran judíos, hablaban arameo. Como todo buen judío siguen llevando una vida no distinta de sus compueblanos: rezan en el templo, respetan las normas alimenticias, practican la circuncisión, Estos discípulos siguen siendo judíos, pero forman dentro del judaísmo un grupo extraño; el de los testigos de Jesús resucitado. En realidad aparecen como otra nueva secta, como una nueva forma de vivir el judaísmo, en medio de otras muchas: fariseos, saduceos, Zelotes: Ellos son los nazarenos Sólo se diferencian de los demás judíos en cuatro puntos:
1. Adhesión al mensaje de Pedro y los Apóstoles: Acuden con frecuencia a sus enseñanzas
2. Se bautizan en el nombre de Jesús
3. Celebran la Eucaristía en casas de familia
4. Viven en comunidad (Ponen todo en común)

6.- La Iglesia Apostólica

La palabra Apóstol viene del griego popular y significa mensajero embajador. El apóstol es el enviado oficial, se trata de un término altamente conocido tanto en el mundo judío como en le mundo pagano. No obstante en el lenguaje neotestamentario, el apostolado además de significar una perpetuación de la presencia de Jesús, el Cristo, constituye un carisma, un don, una gracia y una alta responsabilidad de origen sobrenatural.
De entre la muchedumbre que siguen a Jesús surgen los doce apóstoles y los 72 discípulos enviados e misión por el mismo Cristo por las distintas regiones de Palestina. Entre los doce que Mateo enumera siempre en tres grupos de a cuatro y a cuyo frente está siempre el mismo “jefe de grupo” que son Pedro, Santiago y Felipe (Mt 10, 1-4), se distinguen Pedro Santiago y Juan, llamados a presenciar algunos de los episodios principales de la vida de Cristo; pero por sobre todo descuella Simón, a quien Jesús da el sobrenombre de Cefas, es decir piedra, poniéndolo a la cabeza del grupo apostólico como fundamento de la Iglesia naciente (Mt 16, 18-19).
De esta manera el carisma apostólico se va transformando gradualmente en una institución. Lo específico ellos ahora es la posibilidad que tienen de ser testigos de la vida de Cristo desde el bautismo hasta la ascensión y una elección concreta de Dios. Este fue el criterio que se siguió para la elección de Matías como sustituto de Judas el traidor (Hc. 1, 20-26). Estos mismos criterios son los que están a la base de la elección de Pablo. Por eso el mismo Pablo proclama y exige que se le reconozca como apóstol (1 Cor 9-1). Ahora bien, la elección y visión de Pablo son en gran parte distinta a la de los demás apóstoles.
Los doce y los demás apóstoles cumplen con la misión de “ser testigos en Jerusalén, en Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo esparcidos por todo el Imperio Romano y por las regiones vecinas. Así Pedro y Pablo marchan de Oriente a Occidente; el primero llega hasta Roma y el segundo quizás hasta España. Ambos mueren en Roma hacia los años 64 y 67 de nuestra, respectivamente. Sus sepulturas han sido descubiertas por los arquólogos y son honrados desde el año 200, para la época constantiniana se levantaron dos basílicas en su honor sobre sus tumabas.
Según los datos históricos Santiago el de Zebedeo, Santiago el de Alfeo y Matías predicaron en Palestina, Andrés en las regiones del Mar Negro (Bizancio Constatinopla), Felipe, en el Asia Menor; Bartolomé, en Armenia y Persia; Judas Tadeo, en Siria y Mesopotamia; Simón, en Africa Septentrional; Mateo, en Etiopía; Tomás, en la India y Juan en Efeso. Ahora bien, las fuentes escritas y arqueológicas ofrecen mayor credibilidad en los casos de Pedro, Pablo y Juan cuya memoria se conserva en Efeso unida a la de María, la Madre del Señor.



7.- El ambiente de la actividad apostólica

El mensaje evangélico y la actividad apostólica en este primer siglo se enfrentaron con tres ambientes estrechamente ligados entre sí:
El ambiente Judeopalestino
El ambiente Judeohelenista que desde la diáspora gravitaba hacia Jerusalén en una relación más o menos tensa con los judíos autóctonos
El ambiente pagano compuesto por comerciantes y soldados romanos y las poblaciones de origen semita que los circundaban.
Por otra parte es preciso tener en cuenta que Palestina formaba parte del gigantesco Imperio Romano el cual tenía una extensión de unos 4 millones de Km cuadrados con una población de 70 a 80 millones de habitantes cuyas bases económicas eran la agricultura, y la artesanía las cuales dinamizaban el comercio local y ultramarino. El orden era mantenido mediante un ejército de más de cuatrocientos mil hombres. En este imperio encontramos tres clases sociales: los libres, los libertos y los esclavos, donde sólo los nacidos libres podían aspirar a los cargos políticos. En este cuadro se inserta Palestina, el pueblo judío en cuyo seno encontramos tres tendencias:
Los saduceos que eran los jefes del pueblo partidarios de los romanos o cuando menos toleran el sometimiento a Roma
Los fariseos que poseían una mayor susceptibilidad religiosa y nacional, pero tolerantes
Los celotas que propugnaban y luchaban por la independencia.
El Imperio Romano sirvió sin duda alguna de plataforma para la propagación del evangelio. De ahí que Melitón, Obispo de Sardes, haciendo una relectura de la Sagrada Escritura donde el pueblo hebreo ve a Darío, a Ciro, y a Alejandro como salvadores, como enviado de Dios; se atreve a demostrar ante el emperador Marco Aurelio que se da una coincidencia providencial entre el comienzo del imperio y la aparición del cristianismo. Las afirmaciones de Melitón, aunque constituyen una apología, no son descabelladas, pues el cristianismo se desarrolla en el tiempo y el espacio. De hecho los evangelizadores todos los recursos que le ofrecía el imperio: su geografía, sus medios de expresión, sus formas de pensamiento, etc. Veamos algunos detalles:
Las ciudades del Imperio: En este sistema imperial, las ciudades aunque conservan una amplia autonomía en su administración interior, constituyen las células básicas del Imperio. Estas comprenden también los campos. De Igual modo el cristianismo primito es una religión urbana.
Las vías de comunicación: Las rutas del comercio y de los viajeros, son también las vías del Evangelio (2 Cor. 11, 25-27). Sin duda alguna, el Evangelio fue anunciado en las ciudades portuarias como Corinto, en los grandes centros de comunicación.
La unidad cultural: En el imperio había diversidad de lengua y cultura; no obstante, a nivel general se imponían dos lenguas: a) el griego Koiné, lengua común de todo oriente, era la lengua de la cultura y la filosofía, era la lengua de los comerciantes, y fue la primera lengua de la Iglesia, basta considerar que los primeros cristianos utilizaban la traducción de los 70, todo el N.T. fue escrito en griego, lo mismo que los textos litúrgicos de entonces. b) el latín, lengua de Roma y luego casi de todo occidente, era la lengua de la administración y el derecho, del cual nuestro derecho canónico es fiel heredero. De igual modo la filosofía griega sirvió de base para la elaboración de una primera teología. De hecho la separación del 1054 entre la Iglesia oriental y occidental tiene su ultimo fundamento en estas dos maneras de pensar que se iban haciendo cada vez más rígidas.
Una religiosidad favorable al Evangelio: Las religiones naturistas que veneran las fuerzas misteriosas para asegurar la fecundidad de la naturaleza y que celebraban la muerte y la resurrección de la naturaleza constituyeron un campo abonado para la difusión del Evangelio. Ahora bien, a un grupo de personas no les interesa ni la religión agraria, ni el politeísmo citadino, muchos son escépticos, otros se refugian en el estoicismo filosófico, cuyas características fundamentales son el monoteísmo y la purificación moral mediante la ascesis: otros incursionan en las religiones mistéricas del Asia Menor y Egipto cuyos elementos característicos son la iniciación en los misterios, el encuentro personal con la divinidad, y la purificación a lo largo de diversas pruebas, como podemos notar todas esta formas de religiosidad, tienen mucha semejanza con el mensaje evangélico. Por otra parte, si el culto al emperador, por un lado constituía un obstáculo, sobre todo cuando su culto se extendió a todas las clases sociales con carácter de obligatoriedad; por otro lado, preparó el terreno que culminó en la aceptación del Verbo Encarnado, en su culto y adoración. Finalmente, toda esta gama religiosa se encaminaba a un fusión, a un sincretismo es en ese preciso momento cuando hace su aparición el cristianismo que viene a dar respuesta a toda esta sed de perfección moral y de salvación pero sin mezclarse ni confundirse con ninguna doctrina extraña.
Finalmente, las vejaciones a que eran sometidos los más débiles: esclavos, mujeres pobres y los niños, hace que estos sean más susceptible al Evangelio, donde encuentra un puesto, donde son acogidos como personas.

8.- Los conflictos: entre apertura y ruptura

Conflicto con las autoridades: Pronto los discípulos entran en conflicto con los judíos. Con los sumos sacerdotes y con los saduceos. (Hc 4, 1; 5, 17; 5, 26).
Conflictos al interior de la comunidad cristiana: Los judíos helenistas entran en hostilidad con los hebreos. De por sí la lengua y la cultura constituye un elemento de distinción entre los primeros cristinos. El hecho es que los de cultura griega se quejan de que sus viudas no son bien atendidas. La solución fue la institución del diaconado (Hc 6). Por otra parte, los helenistas pronto manifestaron a los ojos de los judeocristianos una desconcertante libertad de espíritu frente a la ley mosaica y el templo e insistiendo en las críticas que le mismo Jesús había dirigido contra el legalismo y el ritualismo exagerado[1]. Es en este clima de tensión cuando tiene lugar la muerte de Esteban quien anuncia un culto en Espíritu y en verdad dando una orientación nueva a la comunidad y rompiendo definitivamente con el judaísmo. Para Esteban el Evangelio es un judaísmo depurado.
Es entonces cuando se desata una verdadera persecución contra los cristianos, se trata del año 44 bajo el gobierno del rey Herodes Agripa I. Epoca marcada por dos acontecimientos fundamentales: 1.- Exasperación del nacionalismo judío, 2.- La caída de Jerusalén en el año 70. Durante esta persecución fue arrestado y decapitado Santiago, el hermano de Juan y la Iglesia de Jerusalén le es confiada a Santiago, el “hermano del Señor” (Hc.12, 17; Gal 1, 19). Es así como los cristianos, sobre todo los de origen helenistas, tuvieron que huir de Jerusalén a Samaría, a la Costa Mediterránea y a Antioquia, siendo precisamente en esta última ciudad donde se les da el nombre de cristianos, como señal de su distinción de otra denominación religiosa. Por otra parte, Antioquia se convierte en el gran centro de irradiación del Evangelio (Hc. 8; 11-19).
De hecho el grupo de los helenistas sirve de puente al tercer grupo de creyentes, los procedentes del mundo de los no circuncisos, los provenientes del paganismo, los temerosos de Dios, lo que provoca en la Iglesia una nueva apertura y nuevos conflictos. Ahora bien, el primer paso hacia los gentiles lo dio el mismo Pedro bautizando en Cesarea de Palestina al centurión Cornelio con toda su Familia (Hc. 10, 1-11,18).
En Antioquía existen dos comunidades: los que provienen del judaísmo y conservan sus prescripciones y los que proceden del paganismo. La situación que se da es la siguiente: 1ª La comunidad de Jerusalén piensa que es necesario para la salvación que los nuevos cristianos se circunciden, 2ª Los cristianos de cultura distinta difícilmente podían comer juntos, debido a las prohibiciones de alimentos en el judaísmo: carne de cerdo, sangre, ciertas preparaciones. La pregunta clave es ¿si no pueden comer juntos, pueden celebrar la Eucaristía juntos? Ante esta situación el mismo Pedro se mostró vacilante. En principio le abre las puertas de la Iglesia a los paganos; pero al mismo tiempo siente miedo ante los cristianos de Jerusalén. Es lo que se conoce como el incidente de Antioquía. Pedro, por presión de los judaizantes no comparte con los paganos convertidos al cristianismo (Gál 2, 11). Pablo no duda en reprochárselo. Ambos tenía razón: Para Pablo, que por su parte piensa en los paganos-cistianos, es esencial liberar al cristianismo de sus ataduras judías. Pedro, por su parte, teme una defección de los judeo-cistianos, quienes bajo la presión del nacionalismo judío[2] corren el riesgo de volver al judaísmo. En ese mismo sentido, los cristinos de Jerusalén pensaban que la circuncisión venía de Dios, por la cual el mismo Jesús había pasado. Renunciar a la circuncisión representaba no sólo una traición política, sino, sobre todo, una infidelidad religiosa. De ahí que traicionar a la comunidad judía signifique exponerlos a la persecución de los judíos y por tanto inducirlos a la desesperación y a la apostasía. Esta situación Pablo sólo la entiende más tarde. (Rom 3, 1 ss, 1Cor. 8, 1-11;11, 1ss) La solución fue el Concilio de Jerusalén.

1.- El concilio de Jerusalén (Hc. 15)
En este concilio se enfrentan dos tendencias, por un lado está Santiago, Cabeza de la Iglesia de Jerusalén, por otra parte están Pablo y Bernabé, en medio está Pedro que actúa como pacificador. Se llega a una conclusión satisfactoria: A los cristianos venidos del paganismo no se le impondrán las prescripciones judías. No obstante, los cristianos venidos del paganismo cuando estén junto a los de origen judío, tendrán que abstengan de lo que ha sido contaminado por los ídolos, de la impureza, de los animales estrangulados y de la sangre.

9.- En el balance del primer siglo encontramos tres hechos relevantes

La persecución de Nerón en el año 64, según la tradición, trajo consigo el martirio de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo. Los historiadores no han logrado establecer una fecha concreta. Según algunos Pedro murió hacia el 64, y Pablo hacia el 63, mientras que otros afirman que fue en el 67.
La destrucción de Jerusalén hacia el año 70 los judíos fieles a sus tradiciones, con sus ansias de independencia provocaron la guerra en la cual fue destruida la ciudad y el templo. Con la desaparición del templo los cristianos se separaron radicalmente del judaísmo.
A lo largo de este primer siglo se van formando poco a poco las sagradas escrituras cristianas, el Nuevo Testamento


Capítulo III. LA IGLESIA EN EL PERIODO DE APOGEO DEL IMPERIO ROMANO

I.- Polémicas y Tensiones entre Paganos y Cristianos

Poco a poco la comunidad cristiana va creciendo, pero a medida que van adquiriendo importancia, comienzan a causar problemas en el Imperio. Muchos comienzan a sospechar dada la discreción con que realizan sus cultos, su conducta comienza a chocar con la generalidad de la gente. Muchos le miran como una secta. En medio de todo este torbellino, los apologistas hacen grandes esfuerzos por defender a los cristianos. No obstante, la persecución se hizo inexorable.

1.1 - Las calumnias populares

Tres grandes acusaciones circulan contra los cristianos:
Los cristianos son ateos: no participan de los cultos tradicionales ni en el culto imperial, se supo que no practican ninguna religión. Para la mentalidad antigua no profesar una fe, no ejercitarse en algún tipo de culto es una aberración que amenaza el equilibrio de la ciudad y del Imperio. De ahí el interés de los emperadores en fomentar el sincretismo religioso como instrumento de unidad. Por otra parte, la generalidad del pueblo pensaba que no tener una religión ofendía a los dioses quienes se vengaban mandando castigos a la tierra: terremotos, epidemias, invasiones de los pueblos vecinos. Otros dicen que los cristianos dan culto al asno, o a un bandido que murió crucificado.
Los cristianos son incestuosos: Se reúnen de noche porque practican orgías, entregándose al libertinaje sexual.
Los cristianos son antropófagos: asesinan niños en sus cultos y luego se comen su cuerpo y se beben su sangre. A todo esto se unía el hecho de que oían decir que comían el cuerpo y bebían la sangre de un tal Jesús.
Estas calumnias no eran aceptadas por todos, pero sí durante mucho tiempo, los cristianos fueron rechazados y menospreciados por el pueblo. En ese mismo sentido, algunos personajes notables se refieren al cristianismo tachándolo de superstición irracional.

1. 2.- Las objeciones de los sabios y políticos

Las comunidades cristianas siguen creciendo, cada vez van cobrando más interés social y político, por eso prontamente, de las calumnias, los chismes y rumores populares se pasa a hacer investigaciones más serias por parte de los sabios y políticos. De estos destacan Celso en el siglo II y Porfirio en el siglo III. Sus argumentaciones van encaminadas a demostrar dos tesis fundamentales:
a) Los cristianos son malos ciudadanos: Eso por dos razones:
· 1ª Porque al privilegiar a los más débiles (esclavos, mujeres y niños) ponen en entredicho los valores de la civilización romana que da la primacía al sabio; de igual manera, al mostrase considerados con las mujeres, socavan la autoridad paterna en la familia.
· 2ª Porque no participan en los cultos de la ciudad, ni en el culto imperial y rechazan los cargos políticos y el servicio militar. En conclusión no les interesa el imperio.
b) la doctrina cristina es irracional: Según Celso, pagano instruido, si el cristianismo abre sus puertas de manera especial a gente inculta, a los imbéciles, a los esclavos, mujeres y niños, esto significa que se trata de una religión para irracionales, hecha para personas ingenuas. Por otra parte, la encarnación de Jesucristo que enseñan es un absurdo pues Dios es perfecto e inmutable, de manera que “si baja a este mundo tiene que sufrir necesariamente un cambio”. Por otra parte, suponiendo que se haya encarnado, cual es el motivo de su encarnación, no puede ser para conocer lo que ocurre entre los hombres, pues Dios todo lo sabe, tampoco fue para nuestra salvación, pues como no se ocupó de la salvación de los hombres desde el principio, si él es la suma bondad. De lo que se concluye que Jesús no fue más que un hombre incapaz de tener una muerte honrosa.
De igual modo, Porfirio, semita de cultura griega, discípulo de Plotino[3], afirma que la resurrección de los cuerpos no es más que un cuento, de igual modo sostiene que el Dios pacífico del Nuevo Testamento está en contradicción con el Dios Guerrero del A. T., que los cristianos son inmorales pues dicen que sus pecados quedan perdonados con el Bautismo, lo que fomenta los vicios, y la Eucaristía es un rito antropofágico.

1. 3.- La reacción de los cristianos ante sus detractores

Ante estos ataques los cristianos intentaron aportar alguna luz, defender la comunidad frente a los malos entendidos. Sus escritos van dirigidos a los que no comparten su fe, a los magistrados, a los emperadores e intelectuales. Pero para ello necesitan asumir el lenguaje, la cultura grecolatina. Es así como el cristianismo es forzado a salir de su encogimiento, de su aislamiento cultural, de tal modo que hoy se dice que “los helenistas helenizaron el cristianismo y cristianizaron el helenismo”. Surgiendo así la primera teología.
Entre los apologistas se distingue: Justino quien dirige una escuela filosófica cristiana en Roma defiende la fe cristiana ante los paganos y los judíos; un autor desconocido que escribe la llamada Carta a Diogneto, en este escrito presenta a los cristianos como el alma del mundo: los cristianos son los que hacen vivir al mundo, los que le dan un sentido. No obstante, el más conocido es Tertuliano de Cartago, abogado de una retórica y elocuencia impecable. Todos ellos van paso a paso desmantelando todas las injusticias de que son víctima los cristianos.
Ante las acusaciones de que sus ritos eran secretos los apologistas responden diciendo que en sus celebraciones no hay nada secreto, y que el cristianismo no es una religión oculta pues están en todos lados. De igual modo, ante las acusaciones de laxismo moral, los cristianos responden que es la sociedad romana la que peca de tales cosas pues permite el aborto el infanticidio y exalta la sexualidad. Por otra parte frente a las acusaciones de irracionalidad, los cristianos afirman que Moisés es anterior a la filosofía, y que los filósofos griegos no hicieron más que copiarle.

Aunque para algunos cristianos el Imperio con su paganismo y sus injusticias era la encarnación de la Babilonia, al tiempo que otros tomaban una actitud indiferente, los apologistas siguiendo los escritos de Pedro y Pablo no cesan de proclamar la lealtad al Estado: “No consideramos al emperador como divino, pero le obedecemos, rezamos por él y somos los primeros en pagar los impuestos”. De Igual modo, Tertuliano dice que los cristianos no sólo son buenos ciudadanos sino que también hay muchos de ellos en el ejército[4]. Aunque un tiempo más tarde, dado su paso al montanismo no acepta la presencia de cristianos en las filas del ejército. Ahora bien, la Tradición Apostólica, tampoco admitía que los cristianos participaran en la milicia o en cargos de gobierno, pero sus razones son distintas a las de Tertuliano, dado que el hecho de ser militar o ocupar un puesto en la administración pública podía entrar en contradicción con el Evangelio puesto que con frecuencia estos eran obligados a ejercer la violencia y a prácticas idolátricas. Esta fue una práctica fácil de aplicar puesto que el servicio militar no era obligatorio, hasta que en tiempos de Constantino dada la amenaza de los Bárbaros se hizo obligatoria, pero ya estos no eran obligados a dar culto al Emperador.
No obstante surgía la pregunta qué hacer con aquellos que ya estaban en las filas del ejército, antes de Constantino. A estos la disciplina eclesiástica les obligaba a negarse a derramar sangre y a prestar juramento. Y después de Constantino los que habían derramado sangre debían someterse a un proceso de purificación.

II.- Las Persecuciones

Los tres primeros siglos de la historia de la Iglesia reciben a menudo el nombre de época de las persecuciones o época de los mártires.
Como ocurre con frecuencia en los grandes períodos heroicos de la historia, acerca de los primeros mártires de los primeros siglos, se ha desarrollado una verdadera leyenda cargada de romanticismo. Con frecuencia estos acontecimientos no ocurrieron de la manera como nos lo narran en muchas ocasiones, sobre todo si se trata de reinterpretaciones posteriores, de escritos de segunda mano.
En este sentido, siendo objetivo, lo primero que es preciso afirmar es que los mártires no fueron millones, por otra parte, es preciso aclarar que fueron muchos los cristianos que dieron muestra de flaqueza, las persecuciones fueron un trago bastante amargo para la Iglesia y después de la tormenta anheló la calma. De igual modo, los cristianos no fueron perseguido de forma continua durante estos tres siglos y estas fueron muy variadas en cuanto al lugar y a la forma: la primera sólo se dio en Roma, luego se extendió a todo el Imperio, así como también, no siempre se les condenaba a muerte, muchas veces estas se limitaban a algún tiempo de cárcel, la confiscación de bienes, o la tortura.

2.1.- Los fundamentos jurídicos de las persecuciones.

Lo primero que tenemos que considerar, en este sentido, es que el Imperio Romano siempre fue tolerante ante los credos religiosos. A nadie se le molestaba excepto a los cristianos. ¿Cómo se explica esto? Ahora bien, hay historiadores que dicen que se le podía acusar por el delito de lesa majestad que no es otra cosa que alta traición, rebelión o sedición contra la autoridad legítimamente constituida, no obstante, en ninguno de los testimonios que hemos recibido se habla de la infracción a este delito. Por demás los emperadores recurrían a esta ley contra altos dignatarios cuando querían eliminarlos al amenazar sus intereses.
Por otra parte, tampoco lo fue el culto al emperador, al menos en el principio, dado que solo los soldados y los que tenían funciones administrativas estaban obligados a ello. Hay probabilidad de que las acusaciones a los cristianos versaran sobre la alteración del orden público. De esta manera cuando había cualquier desacato, los cristianos servían de chivo expiatorio.
En el fondo de todo parece que habían dos motivos: motivos políticos por parte de los emperadores, tienen miedo de que el cristianismo y otras religiones se sigan propagando, pues se va carcomiendo y debilitando el imperio; y el odio por parte del pueblo, primeramente, por parte de los Judíos, Tertuliano dice que las sinagogas son semilleros de persecuciones, por otra parte los que veían en el cristianismo una amenaza a su subsistencia económica, los que vivían del culto pagano: adivinos, astrólogos, maestros de escuela y filósofos.

2.2.- Las persecuciones en tiempos de Nerón

La primera persecución se dio en tiempos de Nerón. Es una consecuencia del incendio de Roma en año 64. Tácito, quién nos narra este acontecimiento, acepta la fama despreciable de los cristiano, pero no cree que hayan sido los responsables del incendio. Fue una de las persecuciones más horrendas, a los cristianos se les vistió de pieles de animales para echarlos a las fieras, otros fueron crucificados, y a otros se les encendió como antorchas. Para esta época fueron martirizados los santos apóstoles Pedro y Pablo.

2.3.- En tiempos de Trajano (98-117)

Fue el primer emperador procedente de una provincia, era ciudadano romano nacido en España. Durante su gobierno acentuó el apoyo a la nobleza y la política expansionista encaminada a buscar nuevos ingresos. Es la época de oro del militarismo comercial romano. Bajo su gobierno fue martirizado San Ignacio de Antioquía.
Plinio, el joven, gobernador de Bitinia, en una carta enviada al emperador, no disimula su adversidad hacia los cristinos, no obstante, manifiesta no encontrar en ellos faltas graves y le pide al emperador que le aconseje cómo proceder. Trajano responde que al respecto no existe una fórmula general ni una regla fija. No obstante, el emperador le da dos criterios de acción:
No hay que salir a buscar a los cristianos, sino que sólo debe castigársele cuando se ha formulado una denuncia, siempre que esta no sea anónima.
Si un acusado se declara dispuesto a dejar de ser cristiano, y lo acredita prestando honores a los dioses, en gracia a su cambio de opinión no debe imputársele su sospechoso pasado.

2.4.- En tiempos de Marcos Aurelio (161- 180)

Es una época de crisis para el imperio: la economía agrícola estaba en decadencia gracias a los grandes latifundios y las carencias de técnicas de producción, por otra parte está el empuje de los bárbaros en las fronteras que amenazan con invadir.
Una carta de los cristianos de Lyon a la comunidad de Asia, nos habla de esta persecución. Según este testimonio un motín, cuyas causas se ignoran, llevo al arresto a la ejecución a unas cincuenta personas. Durante Marcos Aurelio fueron martirizados en Roma Justino, el apologista y Policarpo quien fue obispo de Lyón.



2.5.- Las persecuciones del siglo III: Los decretos anticristianos

En el siglo tercero la situación social y política es aún más delicada, se caracteriza por la presión de los Bárbaros que siguen amenazando en la frontera. El imperio necesita un ejército numeroso lo que conduce a unos gastos excesos y a una presión fiscal cada vez más alarmante. Por otra parte la población sufre los embates de la peste.
Hasta este siglo no ha habido grandes persecuciones, organizadas por el gobierno imperial, sino que los gobernadores y los jueces provinciales dictaban sentencias individuales en caso de acusación y tumultos, o presionados por la opinión pública. En este siglo son los emperadores los que desencadenan persecuciones masivas.

a. La ley de Séptimo Severo

En el año 202 Séptimo Severo prohibió por medio de un edicto las conversiones al judaísmo y al cristianismo. La recepción del bautismo era tenida como un acto delictivo. Es así como comenzó la persecución contra los neófitos y catecúmenos. No obstante seguía vigente una de las disposiciones de Trajano: los neófitos tenían la posibilidad de comprar su libertad a cambio de sacrificar a los ídolos. En esta persecución fueron sacrificadas Perpetua y Felicidad, dos catecúmenas que fueron bautizadas en la cárcel por el año 203.

b. El Emperador Decio (249-251)

Con Decio la crisis se agudiza, los godos invaden parte del imperio. Y amenazan con seguir avanzando. Por eso el emperador decreta que todos los ciudadanos tenían que sacrificar a los dioses del Imperio y pedir un certificado de haberlo hecho. Tal disposición no tenía otro objetivo que restablecer la uniformidad religiosa política y social que en esos momentos estaba bastante deteriorada. Es el tiempo de la persecución general de los cristianos. Es uno de los momentos en que la Iglesia manifiesta mayor debilidad pues muchos cristianos sacrificaron a los ídolos, otros compraron el certificado o lo recibieron por simple favoritismo. Estos fueron reprendidos por sus obispos[5]. De hecho estas deserciones afectaron considerablemente la vida de la comunidad cristiana en Africa. Más aún, cuando retornó la calma fue causa división en torno a la postura que se debía tomar frente a los que habían sacrificado.

c. Las persecuciones durante Valeriano

Valeriano quiso lograr la unidad del imperio contra los persas. Como los cristianos se les presentaban como una organización extraña lanzó un primer edicto en el que ordenaba la clausura y confiscación de los lugares de reunión y de los cementerios cristianos, y el destierro de los obispos. Son mártires de este tiempo los obispos Sixto y Cipriano y el diácono Lorenzo. Tras la muerte de Valeriano, su sucesor, Galiano, lanzó un edicto de tolerancia en el 261 que duró 40 años, en este tiempo el número de los cristianos creció considerablemente.


d. Las persecuciones bajo el régimen totalitario de Diocleciano

Con Dioclesiano el imperio fue dividido en 4 partes: dos emperadores en Oriente, Diocleciano y Galerio; y dos en Occidente, Maximiano y Constancio, sobre los súbditos se implantó una fiscalización inaguantable dado el crecimiento de la burocracia y el ejército. El culto al Soberano alcanzó su máximo esplendor. Muchos soldados cristianos se negaron a tal culto lo que disgustó mucho a Diocleciano. Por otra parte el cristianismo representaba una amenaza para la vieja sociedad tradicional. Esta es la razón de la más terrible de las persecuciones. Es así como en el 303 van surgiendo edictos cada vez más rigurosos: se ordena la destrucción de los lugares de culto, los cristianos pierden sus derechos jurídicos, sacrificio general, condena a muerte o a trabajo forzados en las minas. Los cristianos que entregaban los libros sagrados quedaban exentos de pena como si hubiesen dado culto al emperador. Muchos lo hicieron. Para entonces el número de cristianos alcanzaba el 50% de la población.
A partir del año 306 la situación cambia, para entonces había siete emperadores en lucha unos contra otros. Constantino, el hijo de Santa Elena, venció uno tras otro a todos los de Occidente, según los historiadores, la última batalla la ganó milagrosamente: Constantino vio en el cielo una Cruz luminosa con estas palabras: “con esta seña vencerás”. En Oriente Liciano había impuesto la paz religiosa. De ahí que en el 313 Constantino y Liciano se pusieron de acuerdo para su política religiosa, de este acuerdo surgió el “Edicto de Milán” por el cual se reconocía la libertad de culto a todos los ciudadanos del Imperio. En lo adelante se hablará de Iglesia constatiniana y de Imperio Cristiano.




























Capítulo IV.- LA IGLESIA EN LA ANTIGÜEDAD TARDÍA (Siglos I-III)

4.1- La liturgia y la oración

a) Los lugares de culto

En los comienzos de la Iglesia los cristianos se reunían en casas privadas: En oriente los cristianos utilizan la sala del piso superior, en occidente el lugar más cómodo y espacioso era el comedor. La sala de baño servía para administrar el bautismo. Ya en el siglo II también se reunían en el patio, huertos y cementerios, sobre todo cuando se conmemoraba la muerte de algún mártir. Finalmente para el siglo III cuentan con verdaderas Iglesias, de ahí que para la persecución de Decio en el 250 se ordenara la destrucción de los lugares de culto.

b) La iniciación Cristiana

Desde el principio los sacramentos de la iniciación cristina son el bautismo, la Eucaristía y la Confirmación. En los inicios los apóstoles los administraban sin preparación especial; ahora bien, Pablo parece no haber bautizado en seguida. Ya en el siglo II, para iniciarse en la vida cristiana era necesaria una preparación doctrinal, moral y espiritual (ayuno y oraciones) que se conoce con el nombre de catecumenado: se trata de un proceso en el que el catecúmeno es presentado por la comunidad como garante de su rectitud de intención, este debía arrepentirse de sus pecados, practicar los mandamientos, acoger el Evangelio y proclamar su fe en Cristo como su Salvador. En el siglo III esta preparación podía durar hasta tres años.

b) La celebración de la Eucaristía

En el principio los cristianos se reúnen para celebrar la Eucaristía sólo el domingo, día del sol; y por tanto día de la luz, primer día de la semana, día de la creación y de la redención, pero es también el día octavo, es anuncio del retorno de Cristo. Hasta el año 200 no tenemos ningún testimonio de una eucaristía celebrada otro día de la semana. Tertuliano nos dice que algunos cristianos por temor a romper el ayuno no asistían a la Eucaristía. Tertuliano para salvar la situación recomienda que se la lleven a sus casas para consumirla el día siguiente. Con esta noticia queda claro que para entonces se celebraba otros días fuera del domingo, puesto que este día era prohibido desde siempre el ayuno. El domingo se celebraba sólo una Eucaristía. Solo en Roma había varias Eucaristías simultáneas por los distintos sacerdotes en las Iglesias titulares. En los demás lugares los sacerdotes y los diáconos participaban de una única celebración junto al obispo.
Es posible que las fiestas de pascua, en los inicios, sólo se celebrara en Oriente, pero ya para el siglo II, todos los cristianos la celebraban aunque en días distintos: Los orientales conservaban el día de la pascua judía, los demás eligieron el domingo siguiente a la pascua judía.

d) La penitencia

En el Nuevo Testamento, Dios concede el perdón de los pecados en el momento de recibir el bautismo. En el siglo II La Didaché, invita a los cristianos a hacer confesión de sus pecados antes de la plegaria y de la Eucaristía. Ahora bien estas faltas son leves, son de la vida diaria. Es un postulado que el bautizado no debería pecar gravemente. No obstante, en el siglo II se admite la reconciliación de algunos pecados graves: apostasía, asesinato, adulterio, pero solamente una vez. La penitencia, en caso de pecados públicos consistía en un tiempo prolongado de sacrificio y oración en el que el penitente era separado de la comunión Eucarística. De ahí la insistencia de Cipriano en que se admitiera a la Eucaristía a los que ya llevaban dos años haciendo penitencia.

e) La plegaria

El cristiano debía orar cinco veces al día de pie, con los brazos levantados y las manos abiertas. Estos momentos eran al amanecer, a las nueve de la mañana, a las doce del medio día., a las tres de la tarde y al ponerse el sol.

f) El Matrimonio, unción de enfermos y oración por los difuntos:

En los primeros siglos no había un rito del matrimonio. Por esto dice la Carta a Diogneto: “Los cristianos se casan como todo el mundo” pero le dan un sentido nuevo al matrimonio, rechazando todo elemento pagano. Los esposos han de descartar la práctica pagana del aborto y el infanticidio, han de observar la fidelidad y la indisolubilidad del matrimonio y compartir la misma fe. Todo parece indicar que pronto hubo una oración por los esposos, pero esto no constituía un rito matrimonial en el sentido legítimo de la palabra.
La unción de los enfermos. Como nos lo expresa la Carta de Santiago desde el principio se ejerció este sacramento. Los responsables de las comunidades cristianas eran invitados a ungirlos con aceite. De igual modo se le llevaba la comunión a los enfermos. Por otra parte está claro en la tradición de la Iglesia la oración por los difuntos y la veneración de los santos. En este sentido los mártires ocupan un lugar privilegiado.

4.2.- La institución de los ministerios

a) La comunidad Palestina: Los ministerios tardaron varios siglos en fijarse. En la comunidad primitiva encontramos una doble organización: El grupo de los doce, estos dirigen la comunidad palestina de lengua hebrea, y el grupo de los siete animados por Esteban dirige la comunidad procedente de los ambientes judeo-helenistas, de lengua griega.
b) Las misiones: A raíz de la persecución desencadenada con el martirio de Esteban, nacen organizaciones diversas dependiendo del origen de las comunidades. Las comunidades que procedían del judaísmo se organizan siguiendo la estructura del judaísmo. Al frente de ellas está el colegio de ancianos o presbíteros. Santiago está al frente de este colegio de ancianos. Luego los doce fueron fundando comunidades de este género.
En Antioquía nace una Iglesia misionera con una doble organización: Misioneros itinerantes, a este grupo pertenecen los apóstoles que no pertenecen al grupo de los doce: Pablo y Bernabé, luego están los profetas, son los que comentan las Sagradas Escrituras en las Sinagogas, y finalmente están los doctores, son especialistas en Sagradas Escrituras. Las comunidades locales fundadas por estos misioneros por imposición de manos al frente de estas estaban los obispos presbíteros y los diáconos.







4.2.1 La evolución de los siglos II y III

Hacia el final del siglo I las comunidades tienen obispos, presbíteros y diáconos. Del colegio de los presbíteros surgían los obispos de entre aquellos líderes cuyas cualidades fueran más destacadas. El diácono es un cooperador del Obispo. Es así como quedan claramente definidos los tres grados del ministerio. Conforme los ministerios itinerantes y los doce fueron desapareciendo, todos estos responsables de comunidades aparecen como sucesores de los apóstoles.
Con variación de lugares y fechas, fueron surgiendo otros ministerios: Subdiáconos, acólitos, exorcistas, lectores, ostiarios. Al principio sólo el obispo preside los sacramentos. Los sacerdotes son asistentes del Obispo. Al aumentar el número de los cristianos, sobre todo en África, también las sedes episcopales se multiplican. En Roma y Alejandría al multiplicarse los lugares de culto se hizo necesario poner al frente de estos a los sacerdotes adquiriendo de este modo una responsabilidad especial.
Antiguamente, la elección de los obispos la hacía el pueblo, pero estos eran instituidos por la imposición de manos: Los obispos imponen las manos en la ordenación de Obispos, y el Obispo y los presbíteros en la ordenación sacerdotal, y sólo el Obispo en la ordenación diaconal, tal y como lo conocemos hoy.
Al principio el ministerio sacerdotal acentuaba el anuncio del Evangelio, esta misión tenía relevancia ante la oración y la Fracción del Pan. No se le compara con los sacerdotes judíos y menos con los del paganismo. Se tiene plena conciencia de que todo el pueblo de Dios es sacerdotal y que Jesús es el único Sumo y Eterno Sacerdote. No obstante, en comparación con el sacerdocio del Antiguo y de las demás religiones, el acento fue recayendo en la acción litúrgica.

4.2.2 Los ministerios femeninos

Aquí encontramos tres ministerios:
1. Las viudas: se dedican a la oración y a visitar a las enfermas
2. Las diaconisas: Hay testimonio de su existencia que data del siglo III, su ministerio es equiparable al del diácono, sólo que estas están para el servicio de las mujeres. Estas igualmente reciben la imposición de manos. Ahora bien, la institución de las diaconisas no fue un fenómeno generalizado en la Iglesia, sólo tenemos testimonio de la Iglesia de Siria y por una razón muy clara: evitar escándalos entre los paganos.
3. Las Vírgenes: Aunque no constituye un ministerio, en el sentido propio de la palabra, pero tiene cierta semejanza su función con el de las viudas y las diaconisas.

4.3.- Fermentos de división y vínculos entre las Iglesias

Desde los primeros siglos comenzaron a surgir conflictos en la Iglesia que amenazaban la unidad. Estos conflictos surgían por las divergencias en los usos litúrgicos, por la dificultad en ponerse de acuerdo ante la reconciliación de los apóstatas, y sobre todo por las nuevas doctrinas que van naciendo y desarrollándose a lo largo del siglo II en el seno de la Iglesia. Es el inicio de las herejías.

4.3.1.- Las herejías del principio.

La respuesta cristiana a la ofensiva pagana en los dos primeros siglos se desarrolla en dos direcciones fundamentales: la primera es de carácter antiracionalista, a veces con base judaizante, y la segunda de carácter racionalista que desemboca en el antijudaísmo de los marcionistas y en el gnosticismo. La superación y la síntesis de estas dos tendencias espirituales será una tarea laboriosa que irá realizándose a través del tiempo, y sobre todo, mediante el testimonio de la vida cristiana que llega hasta el martirio en una lucha campal tanto contra el judaísmo como contra el paganismo.

a) La corriente antiracionalista: Esta se refleja en los escritos apócrifos. Entre ellos se destacan los Oráculos de sibilinos, un documento utilizado por los judíos desde el siglo II antes de Cristo, y del que se auxilian los cristianos, tanto los de tendencia pagana como los de tendencia judía. Por otra parte están las Odas de Salomón, en la que se hace una exaltación del cristianismo, con frecuente observaciones morales rigoristas; el Evangelio según los Hebreos, El proto Evangeilio de Santiago, que intenta resaltar la figura de la Virgen; El Evangelio de la infancia según Tomás que hace de Jesús un pequeño mago, siempre dispuesto a realizar prodigios. El florecimiento de los apócrifos pronto sentó las bases para el surgimiento de las herejías, entendidas como corrientes de interpretación de la fe de una manera más estructurada. Hay una realidad clara en estos escritos: el afán por mantener a toda costa el monoteísmo judío.
b) La corriente racionalista pretende ofrecer una respuesta al paganismo político, cultural y religioso, pero no apelando a la herencia judía o a actitudes carismáticas, sino tratando de hacer más asimilable y compresible el mensaje cristiano. También esta corriente sigue en su producción literaria el modelo de la Biblia expresándose a través de apócrifos. Estos son de tendencia gnóstica y doceta, tiene como base el dualismo platónico. Entre estos escritos cabe destacar: El Evangelio de Tomás, el Evangelio de Pedro, los Hechos de Pedro, los Hechos de Pablo y el Apocalipsis de Pablo, entre otros. Veamos ahora algunas de las herejías que planteaban estos escritos:
a) Ebionismo: Jesús es el Cristo, pero fue un hombre entre los hombres, como los demás; nacido de José y María. Es el profeta anunciado por Moisés. Tiene muchos rasgos comunes con los esenios: El verdadero profeta, la oposición de los dos principios o espíritus. No enseña que el mundo haya sido creado por otro ser fuera de Dios. El rechazo de los sacrificios sangrientos y del templo. El bautismo.
b) Los Nicolaitas: Consideran que el Dios del A. T. Defraudó al pueblo en sus promesas y esperanzas. ( Desprecian la soberanía e injurian las glorias). Manchan su carne con la fornicación. Son mofadores, psíquicos, no tienen el Espíritu (Judas 8, 16, 18, 19)(Pedro, 2,1, 10; 3,3). Siguen el camino de Balaam, antepasado de los magos y padre del dualismo. Prometen la libertad cuando ellos mismos son esclavos de la corrupción (Pe 2, 19; Ap. 2, 14. 20. 25)
c) Los Simonianos: Simón era adorado por un gran número de samaritanos, por los años 70 como el primer Dios, que se opone al Dios del A. T., quien viene a liberar a los hombres. El Dios creador es un Dios malo, la creación es mala.
d) El gnosticismo: era un sancocho de filosofía, cristianismo, y magia, que decía optener la salvación mediante el conocimiento y la práctica de ritos mágicos. Era un movimiento muy sectario. Enseña una oposición radical entre el mundo de la materia y el mundo del Espíritu. La materia era mala, sólo el espíritu es bueno. El Dios supremo, no sólo era puramente inmaterial, sino que era imposible que tuviera contacto alguno con la materia. La creación era obra de un dios inferior o Demiurgo. El gnosticismo cristiano cuenta con figuras intelectuales de gran renombre como Basílides quien hace una exégesis de los cuatro evangelios.
En sus prácticas morales caían en los extremos: o vivía sin frenos ni reglas o caían en una ascesis antinatural, pues siendo la materia algo malo, la carne es despreciable e incluso el matrimonio. No tuvieron dificultad en aceptar la vida y la muerte de Cristo, ya que su cuerpo no era real, solo aparente. El gnosticismo tiene dos representantes fuertes: a) Marcionismo (Marción): La materia es mala, el cuerpo de Cristo es aparente. Dios tuvo celos del hombre por eso lo arrojó del paraíso, ahí nació el pecado. Hay una oposición entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Sacó una versión nueva de los escritos de San Pablo donde erradicó todo lo que no cuadraba con su teología. Marción le aplica a la Biblia el dualismo teológico que da como resultado el rechazo a todo el Antiguo Testamento como obra de un dios severo y vengativo, y aceptando del Nuevo Testamento sólo aquellas parte donde se manifiesta el Dios del amor y el perdón. b) Maniqueísmo: Su fundador es Manes que se consideraba al mismo tiempo apóstol de Cristo e intérprete definitivo de Zoroastro o Buda. Su doctrina incluía la oposición radical entre materia y espíritu, la maldad intrínseca de la materia. Se sometían a una fuerte ascesis, rechazaban el matrimonio.
e) El montanismo (Montano, año 110): es un movimiento de carácter apocalíptico y rigorista, su fundador es Montano quien se proclama profeta de la inminente venida de la Jerusalén celeste. Puso lugar y hora donde se daría. Su único guía y autoridad es el Espíritu Santo. Ayudado por Priscila y Maximilia, provoca un enorme fanatismo de cristianos dispuesto a dejarlo todo y encaminarse a una llanura de Frigia para esperar allí la llegada de la ciudad celeste. Por su puesto que a todo ello contribuyó la inquietud social y el afán de justicia de la época. Al no cumplirse las profecías el montanismo se reorganiza como comunidad profética dando lugar a un comunismo de vida cada vez más mitigado lo que creaba un problema tanto a las autoridades civiles como a las demás comunidades cristianas que se ven avocadas a convocar sínodos locales y provinciales para tratar de discutir el asunto. No obedece a la jerarquía de la iglesia.
El problema no era tan fácil, como nosotros desde aquí, sin tener criterios históricos claros podríamos juzgar. Se trataba nada menos que de esclarecer un poco el misterio de la Santísima Trinidad y todo lo que ello suponía. Se trataba de resolver las siguientes cuestionantes: ¿Quién es Jesucristo?, ¿cómo es Hijo de Dios?, ¿y si El es Dios y el Padre es Dios, cómo Dios es uno? Intentando dar una respuesta a esta realidad se desarrollaron dos tendencias: la modalista según los cuales la Trinidad no está constituida por tres personas distintas, sino por tres modos de ser del único Dios. 2.- La adopcionista, que intenta resolver el problema de la Trinidad al concebir a Jesús como un mero hombre dotado de la potencia divina por adopción.

4.3.2.- La regla de la fe

Ante tantas doctrinas y confusión se levanta la figura de Ireneo, obispo de Lyon quien en su obra Contra las herejías primero hace una descripción de algunas doctrinas que considera aberrantes, indicando en segundo lugar cuál es la verdadera Iglesia y cuál es la verdadera doctrina. Por eso Ireneo afirma que para estar seguro de cual es la verdadera Iglesia es preciso remontarse a la tradición de los apóstoles a través de la sucesión de obispos y presbíteros. El mismo hace una lista de los sucesores de Pedro y Pablo en Roma.
Por otra parte, exige que no se tenga en cuenta para nada las escrituras transmitidas fuera de la sucesión apostólica la cual en un principio era oral y luego se puso por escrito. Esta tarea no era fácil entre tantos apócrifos atribuidos a los apóstoles como una forma de darle autoridad. De ahí que el criterio para elegir el nuevo canon fue el de la apostolicidad. La selección se fue dando a lo largo del siglo II. Para Ireneo sólo existen cuatro evangelios dignos de fe puesto que son obras directas o indirectas de uno de los cuatro grandes apóstoles:
Mateo: Evangelio, el quien bebió en las fuentes del Apóstol y las cartas de
Pedro: Evangelio de Marcos las cartas de Pedro.
Pablo: Evangelio de Lucas, Hechos de los Apóstoles, Cartas de Pablo
Juan: Evangelio, Cartas y Apocalipsis

4.3.3.- Nacimiento de la teología

La Iglesia a lo largo de estos primeros siglos se mantuvo fiel a su confesión de fe: Hay un solo Dios, pero Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre. En medio de tanta confusión son muchos los obispos, sacerdotes y laicos que comienzan a hacer teología para defender la pureza de la fe, entre ellos destacan:
Ignacio, Obispo de Antioquía: En sus cartas defiende con solicitud el realismo de la encarnación de Cristo: Jesucristo es un personaje histórico, es hombre verdadero.
Ireneo: Todo su pensamiento tiene como epicenctro el tema de la recapitulación: La humanidad va perfeccionándose paulatinamente bajo la dirección del Verbo de Dios. Cuando este Verbo se hace carne recapitula toda la historia del hombre y del universo.
Orígenes: Sacerdote, tenía una escuela catequética, ante aquellos que afirman que uno es el Dios del Antiguo Testamento y otro el del Nuevo, Orígenes afirma que Cristo está presente en todo el Antiguo Testamento, sus acontecimientos y personajes son un anuncio profético de Cristo. Hizo grandes aportes al estudio de la Sagrada Escritura. Siguiendo la concepción antropológica griega que concebía al hombre como compuesto de cuerpo, alma y espíritu, señala que la escritura tiene tres sentidos, tres modos de lectura: el literal o histórico, el moral, y el místico o espiritual.
Cipriano pagano convertido, Obispo de Cartago: Tuvo momentos de relaciones tensas con Roma, en Cartago se volvía a bautizar a los herejes arrepentidos, pues según su teología el primer bautismo no era válido por un defecto de la fórmula, pues no estaba claro el dogma de la Santísima Trinidad, mientras que Roma sí lo consideraba como válido.























CAPÍTULO V.- LA IGLESIA EN EL IMPERIO ROMANO (SIGLOS IV-V)

Con el ascenso de Constantino al gobierno del Imperio en año 313 la Iglesia entra en un una nueva era. En lo adelante se va a hablar de “Iglesia constantiniana”, puesto que la Iglesia inicia una nueva forma de relacionarse con la sociedad. Características:
La Iglesia se integra a un Estado que se confiesa cristiano. Ahora bien no pasa a ser la religión del Estado hasta los tiempos de Teodocio hacia el año 380.
De esta relación nacen las interferencias de los Emperadores en los asuntos religiosos, es lo que se conoce como cesaropapismo. El emperador intenta regular los asuntos doctrinales que perturban el orden público y toma la iniciativa en la convocatoria de los concilios.
Ahora es el cristianismo el que servirá de fundamento ideológico al Imperio.
La Iglesia va progresivamente obteniendo más ventajas económicas, materiales y jurídicas. Cuenta con el emperador para luchar contra los herejes y el paganismo
Este cuadro político y cultural disminuye considerablemente la fuerza del anuncio del Evangelio.
Según algunos este modelo de Iglesia terminó con el Concilio Vaticano II que reconoce la autonomía de los dos poderes: el civil y el eclesiástico y toma cierta distancia en el manejo de los asuntos públicos.

5.1.- De Iglesia perseguida a religión oficial

El matrimonio de la Iglesia con el Estado no fue un acontecimiento que se dio una vez fue firmado el Edicto de Milán y se declara la libertad de culto. Fue un proceso que tuvo sus antecedentes, de hecho ya desde finales del siglo III algunos obispos habían adoptado una forma de poder muy a fin a la de los gobernadores romanos. No obstante el antecedente más notorio es el inicio de la “conversión de Constantino” la cual parece estar movida más por motivos políticos que religiosos. Pues lo cierto es que no fue modelo de cristiano así lo manifiestan sus numerosos crímenes en su propia familia y su bautismo ya en el lecho de muerte por un obispo de tendencia arriana: Eusebio de Nicomedia, quien junto a Eusebio de Cesarea gustaban de lisonjear al emperador.
Para el año 313, Constantino reina en Occidente y Licinio en Oriente. Pronto surgieron desavenencias entre ambos y Licinio irrespeta el Edicto de Milán y toma represalia castigando a los cristianos. Es entonces cuanto Constantino emprende una guerra que tiene motivos religiosos y políticos pues pretende defender a los cristianos pero al mismo tiempo gobernar todo el Imperio. Logra su objetivo hacia el año 324 al asesinar a su contrincante. En lo adelante el Emperador decide gobernar desde Oriente, estableciendo la capital del Imperio en Bizancio, dándole el nombre de Constantinopla. Este hecho trajo grandes consecuencia para el futuro: esto hizo que los Emperadores se desinteresaran un poco de occidente, de esta manera fue campo abierto a las invasiones posteriores, a nivel religioso, Constantinopla se convirtió en la segunda Roma, concentró a los cristianos de cultura griega cultivando de esta manera el germen de la división que hoy conocemos entre la Iglesia Romana y la Iglesia Ortodoxa.
Después de Constantino la mayoría de los emperadores se confesaban cristianos, no obstante, no reflejaban mucho su conversión en sus actuaciones como funcionarios públicos. Estos a pesar de su conversión siguen conservando su título imperial de pontifex maximus (Sumo pontifice), ellos constituían la cabeza de la religión imperial, por eso inscriben los signos cristianos en las monedas (el monograma de Cristo), por otra parte el Emperador se considera Igual a los Apóstoles, de ahí se desprende su cesaropapismo. Muchos Cristianos influidos por los escritos de Eusebio, obispo de Cesarea, quien en sus Vida de Constantino y Alabanza de Constantino propone una nueva teología política en la que presenta al Emperador como el Nuevo Moisés, Nuevo David. De ahí que a los cristianos no le cueste aceptar el carácter sagrado del Emperador, a quien consideran como el jefe del pueblo cristiano.
Poco a poco los emperadores van concediendo más favores a los cristianos: Comienzan las construcciones de basílicas: La de San Pedro, las del Santo Sepulcro, la de Belén, las iglesias de Constantinopla, incluso les ofrecen sus palacios para el uso religioso, es así como la Iglesia va adquiriendo un rico patrimonio. El sitial de privilegio no sólo toca las edificaciones, sino también, el campo del derecho: el clero goza de ciertos privilegios jurídicos, los tribunales eclesiásticos gozan de jurisdicción civil, y a los obispos se les da el mismo trato que a los gobernadores. Los cristianos se sienten con el derecho de apelar al emperador para resolver sus problemas internos (donatismo, arrianismo).
Constantino con el Edicto de Milán, al inicio de su gobierno había permitido la libertad de culto, en occidente todavía el paganismo tenía bastante fuerza, no obstante, a lo largo del siglo IV las leyes van siendo cada vez más contrarias a los intereses de las religiones paganas; así por propia iniciativa y por presión de los cristianos los emperadores paulatinamente fueron suprimiendo el culto pagano: Constantino prohíbe la magia y la adivinación; Constancio, los sacrificios, cierra los templos y decreta la pena de muerte a los violadores de la ley. No obstante, esta ley no se aplicó con todo el rigor, más aún con el ascenso del emperador Juliano (en su obra Contra los Galileos, hace una denuncia del cristianismo) por el año 361, quien era sobrino de Constantino, el paganismo tiene un respiro y encuentra un apoyo. Ahora bien, una vez Juliano murió, sus sucesores por los años 380: Graciano y Teodocio la emprenden de nuevo contra el paganismo, el matrimonio de la Iglesia y el Estado alcanza su máximo esplendor. He aquí algunos elementos que evidencian esta realidad:
Graciano renuncia al título de Sumo Pontifice
Teodocio proclama el catolismo religión de estado.
No sólo se persigue a los paganos, también a los herejes: entre estos cabe destacar la condena a muerte de Prisciliano, Obispo de Avila, a quien se le acusó de maniqueísmo.
Dejan de celebrarse las fiestas paganas, los templos son demolidos
Los cristianos consideran que tienen derecho a cometer actos de violencia contra las personas paganas y sus lugares de culto. De perseguidores los paganos han pasado a ser perseguidos, y los cristianos de perseguidos a perseguidores.

Concluyendo este capítulo podemos decir que cambió la religión, pero siguen funcionando las mismas estructuras mentales, el hecho es que para entonces era inconcebible la separación entre la religión y el estado, fuera esta pagana o cristiana, ella constituía el fundamento de la sociedad.

5.2.- La transformación de la sociedad por el Evangelio

Ahora bien, el Evangelio, sin duda alguna, penetró y transformó en gran medida la cultura del Imperio:

El calendario cristiano comenzó a regir el tiempo y establecer los días de fiesta: desde el 325 (Concilio de Nicea) el domingo es día de feriado, y se instituyen otras fiestas cristinas
El Evangelio va perneando la legislación familiar: la ley prohíbe el adulterio con una esclava y el infanticidio, por otra parte, aunque no suprime el divorcio, sí le pone algunos obstáculos.
De igual modo va tocando las relaciones sociales: amo- esclavo: No se suprime la esclavitud, también los cristianos tienen sus esclavos, pero se prohíbe separar las familias de los esclavos, se facilita la liberación.
Se muestra mayor humanidad en las cárceles: No pueden dejar morir de hambre a los presos, el clero tiene derecho a visitar las cárceles. Pero la justicia recurre con frecuencia a la tortura. Sin embargo, la legislación que condena la lucha entre gladiadores no es obedecida
Si bien es cierto que no hubo mayores transformaciones en las estructura de la sociedad: la política, la familia, la esclavitud, el sistema penitenciario, no es menos cierto que la Iglesia fue creado verdaderas instituciones caritativas de notable incidencia social y religiosa: Los Obispo comienzan a levantar monasterios, hospicio, hospitales con el fin de asistir a los viajeros, los pobres, los enfermos.

5.3.- Desarrollo del culto y los progresos de la Evangelización

a. El bautismo

Hasta el 313, cuando la Iglesia entra en una época de paz, bautizarse significaba estar dispuesto a morir martirizado, conforme la Iglesia fue adquiriendo privilegio, muchos quieren bautizarse no por conversión, sino más bien por oportunismo, de ahí que acojan el sacramento, pero no las exigencias morales que este implica. Por eso la Iglesia decide retrazar el bautismo y prolongar el catecumenado. Por otra parte, los mismos catecúmenos posponen el bautismo para la ancianidad, cuando ya las pasiones estén calmadas, o ya próximos a la muerte. Detrás de este criterio, hay una razón: como el bautismo perdona todos los pecados y la penitencia sólo se recibe una vez, entonces lo mejor es retrasar el sacramento. De ahí que la Iglesia se concentre en el bautismo de los envejecientes. Proceso del catecumenado:
Inscripción al comenzar la cuaresma
Catequesis bautismal: la imparte el obispo o su delegado, centrada en el Credo, el Padre Nuestro y la conversión moral, se les somete a exorcismos y se le prohíbe hacer comentario con los no bautizados.
Catequesis mistagógicas: estas son post-bautismales, continúan inmediatamente después del bautismo y versan sobre el propio bautismo y la Eucaristía.
Teología: En la época de los mártires la teología bautismal acentuaba el testimonio de vida, ahora enfatiza el valor y la eficacia del rito, y la gratuidad del don recibido. No obstante, más tarde, se vio necesario el bautismo de los niños. En este sentido merece particular atención San Agustín quien va a firmar que debido al pecado original el hombre necesita de una gracia especial aunque no tenga pecado grave o personal.

b. La Penitencia

Respecto al sacramento de la penitencia, dado que el fervor de los primeros siglos había quedado atrás, los cristianos caen con más facilidad en pecados graves, pero como la penitencia es única en la vida, igualmente se retrasa lo más posible, con frecuencia para la hora de la muerte. He aquí el inicio de una pastoral de ancianos y moribundos.
El proceso a seguir en el caso de penitencia canónica:
Sólo están sometidos a ella los que han cometido un pecado grave, escandaloso que lo excluye de la Eucaristía: asesinato, adulterio y apostasía.
El penitente hace confesión de su culpa, en un primer momento, de manera privada ante el Obispo. Es él quien determinará si el pecador ha de presentarse a la penitencia pública.
Al iniciar la penitencia, el obispo les impone las manos y les entrega el vestido de piel de cabra que deberán usar, en lo adelante deberá andar sin aseo personal, ayunar, abstenerse de comer carne, dar limosna, abstenerse de las relaciones conyugales, en algunos casos tienen prohibido algunos oficios.
Desde ya forman un grupo particular en la Iglesia que no debe participar ni en la ofrenda, ni en la comunión, sólo en la liturgia de la palabra
Durante la cuaresma los sacerdotes vuelven a imponer las manos sobre los penitentes
Al final de un tiempo que varía de acuerdo a la gravedad de la falta y que puede durar varios años, el obispo reconcilia a los penitentes con una última imposición de manos, por lo general el jueves santo.
Incluso después de la reconciliación quedaban ciertas prohibiciones, quien los violaba era declarado apóstata, quedaba excomulgado. Lo más que podía esperar era el viático antes de morir.
En vista a esta pastoral de moribundos, los fieles eran invitados durante su vida a no descuidar el ayuno, la mortificación y la oración.

c. La Eucaristía

La Eucaristía va adquiriendo cada vez más suntuosidad, en la ceremonia y ornamentación y objetos litúrgicos. Se multiplican las lecturas, las procesiones y los sermones. En occidente se inicia la costumbre de la Eucaristía diaria.

d. El año litúrgico

Desde el siglo II se consideraba que las fiestas de pascua debían extenderse por cincuenta días, no obstante es en el silo IV cuando se comienza a celebrar la fiesta de Pentecostés. En este siglo aparece también la cuaresma, como tiempo de preparación para la pascua, de igual manera hacen su entrada las fiestas de navidad como una forma de cristianizar la fiesta solar tanto en oriente como en occidente, pero en fechas distintas: en oriente se celebraba el 6 de enero, en occidente el 25 de enero. Ya a finales de este siglo ambas fiestas se celebraban tanto en oriente como occidente. De igual manera se desarrolla el culto a los mártires que poco a poco fueron entrando en el calendario litúrgico.

5.4.- Los comienzos del monaquismo

a. Los orígenes de la vida consagrada en la Iglesia

El origen de la vida consagrada tiene al mismo tiempo motivaciones bíblicas: es una respuesta a la llamada de Jesús que invita a la renuncia al matrimonio por el amor al Reino, pero al mismo tiempo existen motivaciones sociales: el disgusto ante la inmoralidad sexual, por otra parte, para las mujeres, consagrarse en virginidad podía ser una forma de librarse de la sujeción social que implicaba el matrimonio.
En un primer momento las vírgenes no forman una comunidad, sino que viven con sus familias, aunque se reúnen de vez en cuando. Estas no llevan hábito, se le recomienda abrazar una vida de pobreza, dedicarse a las obras de misericordia, y meditar las Sagradas Escrituras. Ahora bien ya desde el siglo segundo hacen votos privados y temporales.

La teología espiritual de la época va tejiendo una espiritualidad de la virginidad entendida como prolongación del bautismo, como restauración del estado anterior a la caída, como compromiso esponsal con Cristo. Ahora bien desde el principio comienzan a darse algunos abusos que pronto son denunciados: muchas se sienten superiores, otras cohabitan con hombres que han hecho la misma opción bajo el pretexto de matrimonio místico, otras caen en una condenación y desprecio del matrimonio.

b. Los primeros monjes de Oriente

Al desaparecer el martirio, muchos hombres en su deseo de santidad, eligen llevar una vida cristiana más fervorosa, más alejada de los afanes del mundo, retirándose al desierto. He aquí el origen del monaquismo. En este clima de silencio se dedican a la contemplación y la hospitalidad. No obstante, en un principio los seguidores del monaquismo veían demonios por todos lados, y se rehusaban al estudio, retirándose al desierto intentan volver a la humanidad a su estado original. Pronto se diseminaron por Egipto, Siria y Mesopotamia: entre los más destacados están Antonio, considerado el padre del eremitismo quien inspirado en el texto bíblico del Joven rico y el estilo de vida de la primitiva comunidad cristiana vendió y donó todo lo que tenía y se retiró él sólo al desierto; Pacomio, quien funda la vida monástica comunitaria y María que funda la primera comunidad femenina. Todos del los siglos III y IV.
Basilio, obispo de Cesarea, ante algunas desviaciones exige en sus Reglas que los monjes vivan en comunidad, que valoren el estudio, que se dediquen al cuidado de los pobres y que sean obedientes a sus superiores. Muchos teólogos proponen una teología monástica basada en la filosofía platónica que considera al cuerpo como cárcel del alma.

c. El monaquismo en occidente

El monaquismo llegó a occidente mediante el testimonio de San Atanasio y San Jerónimo. De hecho ya por los años 350, existen en Roma varias comunidades femeninas. Así mismo pronto se instituye una liturgia de consagración de vírgenes.
San Jerónimo (347-419), monje oriental propagó la vida monástica entre las mujeres de la aristocracia en Roma, defendiendo la superioridad de la virginidad frente al matrimonio. Ahora bien su mayor aporte estuvo en el amor y aprecio que infundió por las Sagradas Escrituras, que es el alimento espiritual del monje.
San Agustín (354-430), obispo de Hipona, quien quiso vivir como monje después de su conversión, quiso que sus sacerdotes adoptaran los grandes rasgos de la vida monástica. El objetivo es acercar el sacerdocio al estilo de vida monástico. Por eso Agustín prefiere elegir sus sacerdotes de entre los monjes, a otros se les pide que abracen el celibato como lo hacen los monjes.
Juan Casiano (360-435) natural de Rumanía. Luego de conocer los monasterios de Oriente funda dos en occidente, uno para hombres y el otro para mujeres. Según Juan, la discreción es principal virtud monástica.

d. La regla de San Benito (480-547)

La regla de San Benito, heredera de toda la tradición monástica inspiró casi todos los monasterios de occidente hasta el siglo XII. Algunos aspectos: Estas reglas van encaminadas a perseguir tres objetivos: estabilidad, obediencia y humildad que desarrolla una interiorización de la ascesis.
El abad es la pieza maestra del monaquismo
Tiene la doble función de maestro espiritual y de jefe de la comunidad
Es elegido de por vida
Los monjes le deben una obediencia absoluta
Los monjes han de llevar una vida pobre y austera en materia de sueño, vestido, alimento y oración.
El oficio del monje consiste en: oración y liturgia, lectura y meditación de la Escritura, trabajo manual y descanso.
El estudio de la Escritura es el punto de partida del trabajo intelectual







































Capítulo VI.-PRIMEROS CONCILIOS Y FORMACIÓN DEL CREDO

En el Nuevo Testamento no encontramos una fórmula de fe, sino que más bien, un esbozo de un credo: “Para nosotros no hay más que un solo Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas y para el cual somos; y un solo Señor, Jesucristo, por quien son todas las cosas y por el cual somos nosotros” (1 Cor. 8, 6). La liturgia del bautismo y la Eucaristía comprenden esta confesión de fe contenida en las Sagradas Escrituras.
Ahora bien, los cristianos se ven abocados a dar razón de su fe ante el mundo que le rodea, tienen que explicar lo que a simple vista parece contradictorio: ¿cómo puede ser Dios único, y al mismo tiempo Padre e Hijo; cómo una persona que nace, vive, padece y muere puede ser Dios? Estas son las preguntas que dan inicio al nacimiento de la teología.

6.1-. ¿Cómo Jesucristo y el Espíritu Santo son Dios?

Desde el siglo II, la reflexión teológica, intentó conciliar el monoteísmo bíblico con la profesión de fe trinitaria propia del bautismo, al respecto había diferentes opiniones: algunos pensaban que Dios era al mismo tiempo Padre e Hijo y que el Padre había sufrido lo mismo que el Hijo: otros pensaban que el Hijo era Dios pero no de la misa manera que el Padre, el Hijo estaba subordinado, había sido adoptado como hijo en el Bautismo. Al principio estas concepciones se quedaban en las Iglesias locales, pero ya para el siglo IV se extienden rápidamente por todo Oriente.
Es en este siglo cuando surge el sacerdote Arrio, de Alejandría con su herejía monofisista: Jesucristo no es Dios lo mismo que el Padre, es sólo la primera criatura del universo. He aquí su teología basada en Prov. 8, 22 y Jn 14, 28:
El Verbo:
No coexistió desde toda la eternidad con el Padre
Fue creado de la nada
No es Hijo por naturaleza y propiamente dicho del Padre
Comenzó a existir por un acto de la voluntad del Padre
Está por naturaleza sujeto al cambio, física y moralmente
Sin duda alguna la teología arriana salvaba el monoteísmo bíblico y la filosofía griega, pero comprometía seriamente la misión redentora de Cristo, pues lo único que Cristo nos aporta es su Ejemplo, no se da ninguna transformación desde dentro.
Su pastor Alejandro, obispo de Alejandría, no aceptó esta teología pues sostenía que si el Hijo no es plenamente Dios, entonces el hombre no puede ser divinizado, por tanto, el hombre no puede ser salvado. Por eso Alejandro lo excomulgó y envió circulares a los demás obispos notificándole de sus errores, Pero Arrio se ganó la simpatía de otros obispos, y sobre todo de Eusebio de Nicomedia, pariente de la corte imperial, y se dedicó a difundir sus errores a través de algunas obras y canciones.
El Emperador Constantino, al principio quiso apaciguar los ánimos mediante el diálogo y la concertación, pues pensaba que se trataba de simples malos entendidos. Pero el problema era otro, se trataba de la espina dorsal de la fe, por lo que sus primeros esfuerzos fueron vanos, de Ahí que se vio obligado a convocar el concilio de Nicea en el año 325 al que asistieron unos 300 obispos, la gran mayoría eran orientales, sólo 4 obispos y dos sacerdotes, que representaban al obispo de Roma eran de occidente. Nicea es el primer concilio ecuménico de la Iglesia. Como los seguidores de Arrio eran pocos se le condenó y se les desterró a todos.

Como se tenía que definir una doctrina positiva, Eusebio de Cesarea propuso el credo de su Iglesia. El concilio lo aceptó pero agregando el adjetivo homoousios, para referirse al Hijo, es decir consustancial al Padre. No obstante, los obispos aceptaron este añadido más por respeto al emperador quien aconsejado por Osio, obispo de Córdoba, lo propuso.
Nicea también legisló respecto a la disciplina:
Se deicidió que la fecha de pascua fuera la que habían adoptado Roma y Alejandría
Se difinieron algunas reglas para el Episcopado
Se limitó la cohabitación de las mujeres con el clero
Se legisló en torno a la reconciliación de los herejes y las modalidades de la penitencia litúrgica.
Pronto se puso en discusión el acuerdo doctrinal de Nicea. Muchos rechazaban el término homoousios por no ser un término bíblico. Otros decían que este término había sido empleada por los herejes que no distinguían entre el Padre y el Hijo. De hecho Eusebio, aunque no contradijo lo definido en Nicea, hábilmente fue enseñando una doctrina de interpretación ambigua, de suerte que los católicos podían interpretar este término según su fe y también los arrianos. Eusebio con su habilidad se ganó a Constantino quien pronto cambió de actitud, y luego a su hijo Constancio. Así iba sembrando la división en una aparente unidad. Poco a poco el obispo de Nicomedia se la ingenió par ir deponiendo a los obispos católicos sustituyéndolos por los arrianos.
El gran defensor de las verdades definida en Nicea fue San Atanasio. Esto le costó 5 destierros, pasó siete años desterrado en el desierto del sur de Egipto. En poco tiempo todo oriente con la ayuda del emperador Constancio II fue arriano. Sólo en occidente seguía el catolicismo bajo la tutela del emperador Constante, el hermano de constancio, que era católico. Pero a su muerte, Constancio quiso hacer a todo occidente también arriano. De hecho lo logró: Comenzó a enseñar doctrinas ambiguas, celebró concilios provinciales, depuso a los obispos católicos y puso a los arrianos. Esta vez eran los latinos quienes iban desterrados a oriente: Liberio, obispo de Roma, Hilario de Potiers, Osio de Córdoba. Para el año 359 el emperador logró imponer una fórmula herética: “El hijo es semejante (homoios) al Padre”. La división llegó a tal punto que en la elección del sucesor de Liberio, Dámaso, en un motín murieron 173 personas.
En medio de la agitación, se va produciendo una mayor claridad teológica. Ya se logra distinguir entre sustancia ousía y persona hypóstasis. Esto permite salvar la igualdad y la distinción entre el padre y el Hijo.
Ahora bien, los arrianos no sólo negaban la divinidad del Hijo, también negaban el Espíritu Santo pero Basilio en su obra Tratado del Espíritu Santo, logra demostrar que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Santísima Trinidad, pues es consustancial al Padre. Su postura es corroborada por Gregorio de Nacianzo
El arrianismo perdió su fuerza con los emperadores Graciano en occidente y Teodocio en oriente (379- 375) que era católico. Teodocio declara el catolicismo como la religión oficial y reconoce a Gregorio de Nacianzo como obispo de Constantinopla; convocó el concilio de Constantinopla en el 381. Este concilio recoge la doctrina definida en Nicea y añade una nueva afirmación sobre el Espíritu Santo: “Creemos en el Espíritu Santo, Señor que reina y vivifica, que procede del Padre y que con el Padre y el Hijo ha de ser honrado y glorificado.”[6] . En Constantinopla además se legisló en el aspecto disciplinar de la Iglesia:
Se prohíbe la injerencia de un obispo en otra diócesis,
Se prohíbe la injerencia del Estado en la elección de los obispos,
Se le da primacía al obispo de Constantinopla sobre los demás obispos, excepto del Papa.

6.2.- ¿Cómo están unidos Dios y el Hombre en Jesucristo?

Para el 310 aparece Apolinar quien siguiendo la antropología platónica afirmaba que Cristo, al Igual que nosotros estaba compuesto de cuerpo y alma, sólo que en Jesús el Verbo ocupa las funciones del alma. Con ello Apolinar negaba que Cristo tuviera un alma humana, y al mismo tiempo ponía en entredicho la redención. Pues si Cristo no tiene alma humana la voluntad del hombre no puede ser salvada, pues lo que no es asumido no es redimido. Fue condenado por sus errores.
Así poco a poco fueron fraguándose dos tendencias en la reflexión teólogica: Los alejandrinos acentuaban la divinidad en detrimento de la humanidad: Cristo es el Verbo, el logos que lleva una carne; para los antioquenos Jesús tiene dos naturalezas, con ello quería salvar la plena humanidad de Jesús.
De hecho se estaba dando una confusión en la comprensión del término Phycis (naturaleza). Confusión que al mismo tiempo implicaba un nuevo problema: la Maternidad divina de María. Esta es la razón de la controversia entre Cirilo de Alejandría y Nestorio de Constantinopla. Desde antiguo ya la piedad popular invocaba a María como la Theotokos. Nestorio corrige a los cristiano diciendo que esta devoción es equivocada pues no tiene base bíblica y por otra parte María no puede ser más que madre del hombre Jesús. Cirilo queriendo salvar la unidad en Jesús y la devoción popular responde a Nestorio, después de consultar a Celestino, obispo de Roma, que firme un texto confesando que Jesús el Verbo y el hombre están unidos en una sola naturaleza, a lo que Nestorio se niega acusándolo de apolinarismo. Ante la confusión y el tumulto, el emperador convoca el concilio de Efeso que se efectuó por el año 431. En este concilio todos los obispos resultaron condenados, tanto los seguidores de Nestorio como los seguidores de Cirilo. No obstante en Efeso quedó reforzado el credo niceno y se acepta el término theotokos.
Ahora bien años más tarde continúan las controversias ahora entre Teodoreto que defendía las dos naturalezas de Cristo pero sin explicar bien la “unión sin confusión”, y Eutiques, monje quien afirmaba que en Cristo la naturaleza divina había absorbido a la humana. Este último fue condenado, pero apeló al Obispo de Roma (León). El Emperador que es amigo de Eutiques, y también para seguir evitando los conflictos convoca un nuevo concilio en Efeso por el año 439 al que fue invitado León Obispo de Roma, pero este no pudo asistir, enviando legados. Ya los latinos tenía claro que en Cristo hay dos naturaleza en una misma persona; pero los legados no se supieron expresar en griego, de ahí que fueron condenados los que afirmaban la existencia de dos naturaleza en la persona de Cristo.
Como todavía las cosas no estaban del todo claras el emperador Marciano convoca el Concilio de Calcedonia por el año 451 y le pide a León que él mismo lo presida, pero este no puede asistir por motivo de salud. Sin embargo lo hizo mediante sus legados. Es la primera vez que el obispo de Roma preside un concilio, en lo adelante es la condición para que un concilio sea ecuménico.
En calcedonia se leyó el credo niceno-constantinopolitano, algunas cartas de Cirilo y el Tomo a Flaviano de León, en el que se afirmaba las dos naturaleza en la misma persona de Cristo: se desarrolla una fórmula de fe teniendo como base el documento leoniano. No obstante muchas iglesias no aceptaron el credo de Calcedonia y se separaron de la Iglesia oficial.

6.3.- La organización eclesial y los vínculos entre las Iglesias

Estos concilios no sólo trataron asuntos dogmáticos sino también disciplinares y pastorales, de ahí que intentaran armonizar las reglas de funcionamiento de las comunidades, en particular el establecimiento de los obispos y la definición de los vínculos entre las Iglesias.

Ya para estos tiempos se definen las funciones de los obispos y los arzobispos tomando el modelo de la organización política, administrativa y económica:
El obispo es el pastor de la comunidad cristiana de una ciudad
Estas ciudades están integradas en provincias
El obispo de la ciudad principal de la provincia, de la metrópolis, desempeña una función más importante: este puede convocar y presidir concilios provinciales, confirmar e instalar a los obispos sufragáneos.
Considerando que hay sedes episcopales más importantes que otras, se estableció, tomando la imagen de Cristo esposo que los obispos, no podían dejar su iglesia local por otra.
Ahora bien, desde los orígenes de la Iglesia hay sedes episcopales que tienen una importancia particular muy por encima de los arzobispados de estos siglos, eran como los grandes centros de evangelización y misión son los llamados patriarcados: Roma, Alejandría, Antioquía, y Cartago. Los obispos de estas metrópolis tienen una repercusión en un terreno más basto que el de los obispos proviciales. Con Diocleciano las provincias del imperio se reagruparon en un total de 15 diócesis. En oriente el obispo de la capital de esta diócesis se le llamaba exarca. De ahí que en Nicea y Constantinopla a algunos de ellos se les conceda el privilegio de consagrar a sus metropolitanos. En virtud de esta adecuación Constantinopla quiso tener la primacía de honor después de Roma, lo que suscitaba tensión con Alejandría que de hecho era la segunda ciudad del Imperio. De Igual modo Jerusalén exigió disfrutar de honores especiales en virtud de su papel religioso.
Por otra parte no podemos hablar del primado de pedro, tal y como lo entendemos hoy hasta el siglo VI. La palabra papa podía dársele a cualquier obispo para designar su función de padre. De hecho el obispo de roma representaba para occidente, lo que el de Alejandría para Egipto y Libia. Desde el principio la Iglesia de Roma ocupó un lugar de singular importancia en la Iglesia universal. Ello se debe a dos realidades: la presencia de Pedro y Pablo y por el hecho de ser la capital del imperio. Por otra parte Roma siempre ha intervenido en la vida de las otras iglesias:
Clemente llama al Orden a la Iglesia de Corinto
Víctor excomulga a los obispos que no celebran la pascua en la misma fecha que Roma, fecha que queda definida en Nicea.
Esteban le reprocha a Cipriano el bautismo de los herejes
Auque estas intervenciones no siempre han sido bien vistas, las Iglesias orientales siempre han profesado un profundo respeto y le han concedido un sitio de honor a Roma. De hecho acude a ella para resolver los casos más difíciles.
Por otra parte, los obispos de Roma siempre vieron con recelo el auge que iba teniendo Constantinopla. Por eso a partir del siglo cuarto San León comienza a fundamentar la teología del primado romano tomando como punto de partida la sucesión de Pedro como el primero entre los apóstoles basado en Mt 16, 18-19, es así como se le comienza a llamara a la sede romana, sede apostólica. De hecho en Calcedonia quedó ratificado el papel doctrinal del obispo de Roma, por lo que se le reconoce el derecho y el deber de presidir el conjunto de las iglesias.
Para León, el Obispo de Roma es el obispo universal, el obispo de los obispos, la fuente de la autoridad episcopal. Más tarde Gregorio Magno consideró al Papa como el obispo en medio de los obispos, entre lo que es el primero. Hoy día se habla más de colegialidad un principio más cercano el modelo de Iglesia oriental.





Capítulo VII.- LOS PADRES DE LA IGLESIA

Ante un paganismo empobrecido por el desgaste del tiempo y la insuficiencia del ocultismo, el cristianismo representa el sector activo, la atmósfera cultural del siglo. Ya para siglos IV Y V la actividad intelectual, la vida del espíritu había entrando en una profunda crisis, había sido vaciada de su contenido, desconectada de las fuentes profundas del ser, se perdía en refinamiento de pura forma. Ahora la inspiración la va a aportar la vida religiosa. El ideal cristiano es el que va a nuclear a la mayoría de los mejores espíritus de este tiempo:
El estudio y la meditación de la Sagrada Escritura sustituyen al estudio de Homero y Virgilio,
La predicación desplaza a la conferencia pública
La liturgia desplaza hasta cierto punto las necesidades que habían originado el teatro
La imaginación y la afición novelesca sacian su sed en los apócrifos y la hagiografía
Ahora bien aunque cambia el contenido el método continúa siendo el mismo:
A la exégesis bíblica se le aplican las mismas técnicas que se empleaban para la explicación de los poetas y escritores clásicos.
El sermón hereda los recursos de la retórica
La controversia el de la dialéctica
Y la teología todo el arsenal de la filosofía
Ahora bien no se trata de simple traslado, sino también de creación y originalidad, así el neoplatonismo cristianos implementado por San Ambrosio y San Agustín es muy distinto al de sus maestros.
La segunda mitad del siglo IV vio florecer la edad de oro de los Padres de la Iglesia. A esta época pertenecen los más grandes entre los escritores y pensadores de la antigüedad cristiana tanto en el Oriente griego como en el occidente latino. Algunos datos comunes:
La mayoría son coetáneos, nacieron entre los años 330 y 350, todos en relación directa unos con otros.
Representan un momento de equilibrio entre una herencia antigua todavía poco minada por la decadencia y perfectamente asimilada y una inspiración cristiana que ha llegado a su plena madurez
Pertenecen por su origen a la élite de la sociedad y a veces a las clases más elevadas de estas:
· San Ambrosio es hijo de un prefecto del pretorio
· San Juan Crisóstomo de un maestro de la milicia, asiste a las lecciones del retórico Libanio
· San Jerónimo asiste a las lecciones del gramático Donato
· En este aspecto San Agustín constituye la excepción viene de familia curial o proletaria. No obstante, gracias al sacrificio de sus padres y la protección de un mecenas logró recibir una educación de calidad propia de la élite, en filosofía fue más bien autodidacta.
Entre los orientales, San Basilio y San Gregorio Nacianceno estudiaron en Atenas
Su educación se basa esencialmente en los estudios de los recursos literarios y las técnicas oratorias. Todos los padres son grandes escritores y manifiestan un dominio perfecto de su lengua y en algunas ocasiones de otras lenguas como es el caso de Jerónimo que aprendió a la perfección griego y hebreo. Agustín y Ambrosio también lo dominaban pero no se comparan a Jerónimo.
Todos ellos bebieron desde su cuna la fe cristiana: En ocasiones toda la familia era cristiana, en otras, al menos, la madre. En este sentido, junto a Santa Mónica, vale mencionar a Antusa la madre del pico de oro quien enviudó a los 20 años y renunció a casarse de nuevo para dedicarse a educar a su hijo, hecho que incluso los paganos admiraban.
La mayoría de ellos acabados los estudios iniciaban una carrera profana, casi todos fueron profesores, pero hay excepciones, San Martín ingresó a la milicia, puesto que su padre era militar, y San Ambrosio fue gobernador de Milán igualmente en sustitución de su padre. Ocupaba este cargo cuando lo aclamaron obispo.
Se convirtieron y se bautizaron después de adultos
Todos fueron monjes por un período más o menos largo y se sometieron a ascesis rigurosa, bajo la dirección de un maestro espiritual, de ahí su gran aporte a la institución monástica, en este caso hay dos excepciones: San Ambrosio quien fue ordenado obispo a los ocho días después de haber sido bautizado, rompiendo las normas canónicas, y San Gregorio de Nisa quien al estar casado no pudo iniciar por ser monje, lo fue después que enviudó luego de 13 años de obispo.
Formados en la soledad, salen de ella para consagrarse enteramente al servicio de la Iglesia, todos fueron obispo excepto San Jerónimo que sólo fue sacerdote.

6.1.- Los Padres de lengua griega

1.- San Atanasio (295-373)
Patriarca de Alejandría en el 328, será el defensor infatigable de la fe de Nicea; a compás de las fluctuaciones de la política imperial será desterrado cinco veces, gastando en el exilio 17 años de su vida, sin cejar jamás en su resistencia a los obispos arrianos y a sus protectores Constante y Valente (373). Su primera obra, una apología Contra los paganos y acerca de la Encarnación del Verbo, esboza las grandes líneas de su cristología: «El Verbo de Dios se hizo hombre para que nosotros nos hagamos Dios». Aparte de escritos de circunstancias (Apología a Constancio, Apología contra los Arrianos, Apología de su huida, Historia de los Arrianos para los monjes, Los decretos del Concilio de Nicea, Los sínodos...), su obra principal es un tratado en tres libros Contra los Arrianos. En ella discute ampliamente los textos bíblicos en que Arrio pretendía fundamentar su doctrina, volviendo insistentemente a la idea central que domina toda la teología de los Padres: si el Verbo de Dios no es Dios, igual en todo a su Padre, ¿cómo podrá divinizarnos? Al sistema cosmológico (teoría de los intermediarios) opone el misterio de nuestra salvación. Hacia el fin de su vida, diseña una teología del Espíritu Santo en sus cuatro Cartas a Serapión, obispo de Thmuis. Una Vida de San Antonio y un tratado de la virginidad hacen de San Atanasio el doctor del ascetismo y un maestro de la perfección cristiana.
2.- San Basilio de Cesarea (329-379),
Retórico, monje y obispo, fue predicador y exegeta (Homilías sobre el Hexamerón), maestro de Ascética y legislador del monacato oriental; sobre todo es el teólogo que recuerda a Eunomio el respeto al misterio de Dios, que hace triunfar la fórmula de una sustancia en tres hipóstasis (haciendo progresar la terminología del símbolo de Nicea), que sin osar aún a llamar Dios al Espíritu Santo, establece sin embargo su divinidad y consubstancialidad (De Epiritu Santo). Es también el moralista que predica enérgicamente sus deberes a los ricos y la función social de las riquezas, y que determina las ventajas y los peligros de la cultura en la formación cristiana (A los jóvenes).



3.- San Gregorio Nacianceno (329-390),
Alma contemplativa, fue obispo de Constantinopla (379-381), donde tomó parte en el segundo Concilio ecuménico. Poeta, epistológrafo, interesa aquí especialmente como orador. Particularmente en los cinco Discursos teológicos pronunciados en Constantinopla, predica la fe en la Trinidad (distingue las Personas por sus relaciones de origen) y proclama abiertamente la divinidad del Espíritu Santo. Defiende contra Apolinar, que negaba a Cristo una alma racional, la integridad de la naturaleza humana del Verbo, el cual, «no salva sino aquello que asume». Traza los primeros rasgos de la cristología que se desarrollará en el siglo v.

4.- San Gregorio Niseno (335-394),
Hermano menor de San Basilio y como él retórico y luego monje, fue por él ordenado obispo de Nisa en Capadocia. Además de orador, filósofo y teólogo es también un gran místico (Contemplación sobre la vida de Moisés, Comentarios sobre el Cantar, sobre las Bienaventuranzas, Tratado de la Virginidad). Ejercerá una influencia profunda que llegará en Occidente hasta San Bernardo (mística bautismal, renunciamento, éxtasis de amor, etc.). El Discurso Catequético, que no es una catequesis sino un esquema de toda su teología, constituye el primer ensayo de una teología de la transubstanciación.

5.- San Cirilo de Jerusalén (+ 386),
Teólogo antiarriano que, no obstante, evita sistemáticamente el homoousios. Sus Catequesis bautismales son un testimonio precioso de la fe de la Iglesia de Jerusalén. Las cinco últimas, Catequesis mistagógicas (de atribución dudosa), son una iniciación a los misterios dirigida a los neófitos durante la semana de Pascua y constituyen un documento litúrgico de primer orden.

6.- San Juan Crisóstomo (354-407)
Asceta, diácono y luego sacerdote, que fue encargado de la predicación por el obispo Flaviano. Su fama hizo que fuese elegido obispo de Constantinopla (398), pero los celos de los obispos cortesanos, el rencor de la emperatriz Eudoxia, las intrigas de Teófilo de Alejandría motivaron su deposición y destierro (403-404). Muere en el Ponto, desterrado, el año 407. El Crisóstomo es sin duda, al mismo tiempo que el mayor predicador, el mayor exegeta de la antigüedad. Comentó en sus Homilías a San Mateo, San Lucas, San Juan y los Hechos de los Apóstoles y su comentario a San Pablo no tiene rival. De acuerdo con la escuela de Antioquía, su exégesis es al mismo tiempo histórica y doctrinal, rica en aplicaciones morales. Escritor ascético, apologista del monacato y de la virginidad, sabe, no obstante, dirigirse también a los casados para enseñarles a santificar su estado. Como teólogo, recuerda a los amoneos la incomprensibilidad de la esencia divina y la consubstancialidad del Verbo; predica la dualidad de naturalezas en Cristo sin detrimento de su unidad.


5.2.- Los Padres de lengua latina

1.- San Hilario de Potiers
(+ 367) es el Atanasio de Occidente. Cuando el arrianismo llegó a las Galias, fue desterrado al Asia Menor, donde se opuso al corriente de la doctrina de los Padres griegos y compuso el De Trinitate, que defiende con el testimonio de la Escritura la divinidad y la generación eterna del Verbo. La obra ejercerá mucha influencia sobre el De Trinitate de San Agustín A esta misma época pertenecen algunos escritos históricos y polémicos sobre el arrianismo. A su regreso a las Galias, Hilario restauró allí la ortodoxia. En su obra exegética comenta a San Mateo y los Salmos y explica los Misterios del Antiguo Testamento.

2.- San Ambrosio (339-397)
Fue un alto funcionario imperial elevado a la sede de Milán (el año 373) en condiciones muy conocidas. Es una de las figuras más encumbradas del episcopado de la Iglesia en todos los tiempos. En oposición a un imperio, cristiano de nombre que pretende asumir el régimen de la Iglesia, es el primer teólogo que trata de precisar las relaciones entre la Iglesia y el Estado. Al mismo tiempo, pone al alcance de sus fieles las enseñanzas de los doctores griegos (De fide, De Spiritu Sancto), comenta la Escritura según los principios de la exégesis espiritual y alegórica (Homilias sobre el Hexamerón, según San Basilio, diversos libros sobre el Antiguo Testamento; Comentario sobre San Lucas, según Orígenes). Adoctrina a sus clérigos acerca de sus obligaciones, inspirándose en Cicerón (De officiis), predica elocuentemente la virginidad y, junto con San Jerónimo, será uno de los primeros defensores en Occidente del culto a María. Inicia a los neófitos en los misterios que acaban de recibir mediante dos series de catequesis, que son para la liturgia occidental tan importantes como en Oriente las catequesis de San Cirilo de Jerusalén (De mysteriis, De sacramentis, la autenticidad de esta segunda colección, de la cual la primera es una simple edición retocada por el mismo Ambrosio, fue durante mucho tiempo discutida, pero hoy es reconocida).

3.- San Jerónimo (hacia 350-419)
Fue un asceta y un sabio de vida polifacética. Eremita en el desierto de Siria y secretario del papa Dámaso, discípulo de San Gregorio Nacianceno en Constantinopla y maestro de ascetismo de las damas de la alta sociedad romana vivió retirado al fin de sus días en su monasterio de Belén. Polemista temible y trabajador infatigable, amigo apasionado y susceptible, de una sensibilidad vibrante, es sin duda una de las figuras más pintorescas y, también, de las más atractivas de la antigüedad cristiana. Traduce del griego cierto número de obras de Orígenes, de Eusebio, de Dídimo; combate ásperamente a los adversarios del ascetismo y de la virginidad. Mantiene contra su antiguo amigo Rufino una larga y penosa polémica a propósito de Orígenes, difunde a través de toda la cristiandad cartas de direción y de controversia, tratados de exégesis o de teología; a petición de Dámaso, emprende una refundición de la traducción latina de toda la Biblia y su traducción se impone a todo el Occidente (Vulgata); comenta los Salmos para sus monjes de Belén, así como una parte del Nuevo Testamento. Su erudición no es quizá muy profunda y su exégesis resulta a veces un tanto pobre y superficial; sus traducciones valen más que sus comentarios. Siempre será, no obstante, el modelo admirable de una vida totalmente consagrada al servicio de la Iglesia y al asiduo estudio de la palabra de Dios. Así, si San Agustín es llamado padre de la teología latina, San Jerónimo lo es de la exégesis bíblica.

4.- San Agustín (354-430).
El mayor de los Padres latinos es, sin duda alguna, el mayor de todos los Padres de la Iglesia; su pensamiento domina toda la historia de la teología latina. Son conocidas las grandes etapas de su vida. La juventud en Tagaste, en Roma, en Milán, la crisis con el desenlace de su conversión y bautismo (387), el sacerdocio y el episcopado en Hipona (395), la muerte en esta ciudad bajo el asedio de los vándalos (28 de agosto de 430).
Heredero de toda la cultura y filosofía antigua, es el principal artífice de la elaboración en Occidente de una cultura y civilización cristianas. Su teología domina toda la teología latina. Fue preponderante hasta el siglo XIII; inspira todavía secciones amplias del pensamiento de Santo Tomás y, aun después de este doctor, su influencia permanece viva en muchos pensadores cristianos que guardan fidelidad a la inspiración agustiniana. Sería preciso estudiar en él al filósofo que asume y cristianiza determinados temas platónicos (conocimiento por participación de la luz divina, sabiduría y contemplación, tiempo y eternidad).
Se habría de estudiar también al exegeta que pone al servicio de una mejor inteligencia de la Escritura todos los recursos culturales (De doctrina christiana), que estudia con precisión los problemas que plantea el Génesis (De Genesi al litteram), o la divergencia de los relatos evangélicos (De consenso evangelistarum) y, sobre todo, que comenta incansablemente para sus fieles los Salmos y el Evangelio de San Juan. Sin evitar siempre el abuso de la alegoría, San Agustín ofrece en estos comentarios uno de los mejores ejemplos de interpretación espiritual de la Escritura, al mismo tiempo que un modelo de predicación, a la vez muy sencillo y popular y espiritualmente elevado.
Todavía debemos señalar la importancia concedida por Agustín a las cuestiones morales y ascéticas (virginidad y matrimonio); de él proviene la teología clásica acerca de los «bienes del matrimonio». Finalmente digamos también una palabra de las dos obras mayores de San Agustín. El De Trinitate (400-416) es al mismo tiempo una exposición completa de la teología latina sobre la Trinidad y un ensayo para encontrar en la psicología humana una imagen de la Trinidad: conocimiento y amor, memoria y presencia, sabiduría, he aquí los grandes temas agustinianos que en esta obra se desarrollan. La ciudad de Dios (413-426) es toda una teología del Estado y de la historia, de la inserción del reino de Dios en el mundo y de su necesaria distinción. Sienta las bases de la noción cristiana y medieval del Estado.
La obra de San Agustín representa el esfuerzo más extracrdinario de la fe en busca de la inteligencia (la fórmula de San Anselmo fides quaerens intellectum, se inspira en él), «inteligencia espiritual» que florece en sabiduría.

[1] Siguen más el partido esenio que negaba la legitimidad de los Sacerdotes y se abstenían de las ceremonias del Templo en oposición a los judeocristianos ortodoxos de tipo farisaico rabínico que dan gran importancia a los tiempos y a los lugares litúrgicos de manera especia al Templo.
[2] Todas las persecuciones de Pablo tienen su raíz en el acentuado nacionalismo judío: a) Bernabé y Marcos se niegan a seguir con él y se embarcan para Chipre (Hec, 15, 39). Si Tomamos en cuenta que momentos antes Bernabé había seguido a Pedro en Antioquía, notaremos que es la misma razón la que le lleva a separarse de él. B) En Listra por causa de los Judíos circuncida Pablo a Timoteo, lo cual era una concesión (Hc 16, 3). C) Hay otros que anuncian una inminente venida del Señor (2 Tes. 3, 11; 2, 2). En el fondo aquí encontramos una agitación política de orden mesiánico movida por los judíos insurrectos de aquel tiempo. C) En Efeso, antes que Pablo ya había pasado Apolo, quien predica que Jesucristo es la sabiduría de Dios, Pablo no le recrimina este postulado, pero le advierte que no reduzca el cristianismo a una simple nosis. Los Gálatas vuelven a la servidumbre (Gal 5, 2)

[3] Por supuesto que estos ataques eran una apología del Imperio. En este período histórico los intelectuales se esfuerzan por demostrar la necesidad de un orden imperial que realice en el plano político el orden que se observa en el plano cósmico, para ello se basan en la filosofía estoica de Plotino como cobertura ideológica. Los estoicos dividieron la filosofía en tres partes: la lógica (teoría del conocimiento y de la ciencia), la física (ciencia sobre el mundo y sobre las cosas) y la moral (ciencia de la conducta). Todas ellas no forman parte de órdenes ónticos distintos, sino que se refieren a aspectos de una misma realidad: el universo en su conjunto y el conocimiento sobre él. Este puede ser explicado y comprendido globalmente porque es una estructura organizada racionalmente de la que el hombre mismo es parte integrante. Ahora bien, a esta ideología imperial se oponía el neopitagorismo, y el avance de las ciencias ocultas que van teniendo gran acogida en amplios sectores de la opinión pública, minando de este modo la filosofía oficial y el mismo sistema legal.
[4]No obstante, sabemos que al Tertuliano pasar al Montanismo incurrio en un rigorismo ético exagerado pensaba que el cristiano tenía que alejarse de todo lo mundano. Por tanto, no le era compatible al cristiano el participar de las filas del ejército.
[5] No sólo fueron reprendidos, además fuero sometidos a 2 ó 3 años de penitencia, como testimonia Tertuliano quien dice que a los que ya llevan ya dos años se les permita recibir la Eucaristía a fin de ser fortalecidos en vistas a nuevas persecuciones que se podían desencadenar. Cf. HERTLING, L., Historia de la Iglesia, Herder, Barcelona, 80.
[6] En el siglo VIII los cristianos latinos le añadieron el filioque: “que procede del padre y del Hijo”, esta fue una de las causas de la separación de la Iglesia latina de la Iglesia griega.